martes, 28 de noviembre de 2023
Reseña "Vivero", A. J. Ponce
Novela ganadora de MOL 2022
Ediciones Liz
Santiago de Chile, 2023
Al escuchar o leer la palabra "vivero" tendemos a relacionarla con un lugar donde crecen plantas, sin embargo, el sentido de esta palabra es más amplio, y esta particularidad dota de interpretaciones más variadas a esta novela.
El argumento de la obra puede resumirse a partir del texto de la página 21:
"Paternidad cifrada
El sistema es sencillo si se desmiembra en piezas:
1. Papá tiene demencia senil tipo Alzhéimer en etapa moderada.
2. Mamá decide cuidarlo a pesar de sus repetidas deslealtades en un lapso de cuarenta años.
3. A sus otros hijos no les importa qué ocurre/ocurra con él.
4. Un periodo de encierro donde el tiempo corre a un ritmo atomizante.
Papá tiene nombre, se llama Arturo"
El narrador lista los elementos centrales de la historia y los desarrolla a partir de distintos tipos de textos como un diario de vida, anuncio, poema, marginalia, listado, relatos de revistas y otros. Esta es, a mi parecer, una de las características más elogiables de "Vivero", el modo en que se narra la historia del protagonista respecto de su padre enfermo y de la decisión que toma el primero al irse a vivir solo durante la pandemia por COVID. Resulta atractiva la decisión estilística de contar utilizando tipos de textos cuya función no es narrativa, y sin embargo, cumplen, desde ese otro lugar, con transmitir el relato. Esto es posible debido al talento del narrador para distribuir los acontecimientos en estos textos no narrativos, logrando que estos fragmentos de la historia se ajusten a la forma que exige cada uno de los textos.
Si bien, en algunos textos este trasvasije de información no está tan lograda, ya sea porque los datos no se ajustan tan bien a la forma, primando la función narrativa, o por caer en reiteradas ocasiones en textos que se acercan al monólogo interior y a la poesía en prosa, en lugar de descubrir y jugar con otros tipos de textos para mantener la coherencia y línea experimental de la obra, en muchos otros textos que conforman "Vivero" se aprecia el entusiasmo y la voluntad del autor por seguir las reglas de su juego (narrar a partir de un collage textual) consiguiendo entregar una narración pulida, ágil y refrescante.
Existen muchos temas en "Vivero", pero quisiera centrarme en dos: la transformación y la memoria. La obra aborda la transformación de distintos personajes, una transformación que responde a la relación entre ellos, no a un estado aislado, siendo la más evidente la del hijo que se convierte en padre de su padre y que, por consiguiente, troca al padre en hijo de su hijo. Esta transformación es posible debido a la vulnerabilidad del padre, es decir que, para poder trascender lo que somos, no debemos necesariamente volvernos más fuertes, sino, más débiles (en el caso del padre). La trascendencia, en este caso, no es producto del poder y la voluntad, sino, de la imposibilidad.
También existen otras transformaciones como la de la madre que es también una planta (mala madre, planta que erróneamente se piensa que expulsa a sus "hijos", cuando, en realidad, los mantiene siempre unidos a ella a través de sus ramas), la del dios que podría sin problemas ser un árbol, la de Ceres (la planta con nombre de planeta enano que cuida el protagonista durante la pandemia) que crece 2.4 cms semanalmente y termina germinando/trascendiendo, la del gomero que deviene en la persona con dismelia, la de la hermana que es también cómplice de una de las historias más oscuras de la novela, la de una marcha que es vista como un coro vegetal "Somos un coro de ruido que juega en el ritmo caótico de la protesta, que se comunica bulliciosa en el silencio" y, ya cerrando la novela, la transformación de la persona del video que se come una planta y muta en un ser vegetal.
Esta transformación, como elemento movilizador que vincula a los personajes y los reúne conformando un árbol, un universo o una historia (en la que todo puede ser otra cosa pues se trata de una confusión de nombres "(...) Sería lindo darnos cuenta de que hemos puesto un nombre equivocado a todo. Y de que el sonido de las cosas es un ser distinto y separado de los objetos que lo producen. Así el sonido de la lluvia sería el mismo silbido de las hojas (...) ¿Qué tan grande se volverían los bestiarios?", también puede visualizarse a nivel formal, ya que un tipo de texto va transformándose en otro sin perder el vínculo, para ser parte de algo más grande, que es la novela. "Vivero" es una obra que debe leerse desde ese lugar, el lugar donde todo puede mutar y seguir siendo lo mismo porque todo está conectado. Al principio de la reseña mencioné que un vivero es un lugar donde crecen las plantas, sin embargo, esta palabra, como dije, posee un significado más amplio y es en este punto en que se conecta con el tema de la transformación, en esta amplitud en que podemos entender como vivero un "lugar para algo", pudiendo ser un criadero de distintas especies (vegetales o marinas), en el que estas especies interactúan y devienen, debido a esto, en algo distinto que se mantiene, sin embargo, contenido en el vivero/novela.
Para terminar, también está el tema de la memoria, siendo mucho más evidente que el anterior debido a la enfermedad que aqueja al padre. Más allá de esto, me interesa el modo en que el protagonista pareciere luchar contra la pérdida de los recuerdos, de los de su padre y los suyos, que es el registro (entendido como el rescate), ya sea escrito, por medio de la misma novela o bien audiovisual, a través de las grabaciones que aparecen en la historia (grabar el departamento, grabar a la planta reaccionando a la luz, grabarse junto con el padre), la videollamada que el protagonista comparte con su sobrina y que se vuelve significativa en el contexto del encierro y la distancia (de tiempo y espacio), medida en los centímetros que anota al reverso de la foto y, finalmente, el video que observa el protagonista. La historia "podada", presentada en estos textos/fragmentos, da cuenta de ese registro, que echa a mano a todo tipo de estructura (y medio) para encapsular (y proteger) los recuerdos.
La memoria es frágil y entiende, debido a esta fragilidad, que debe extenderse hacia de otro tipo de memoria (como un disco duro al usb, a la nube) para proteger sus recuerdos (lo que se es) de los estragos a los que se expone su materialidad, llámese tiempo, accidente, condición. En este afán de proteger esta memoria, el protagonista es capaz de transformarse y extender sus límites hacia la escritura, codificarse, fundirse con el texto para germinar.
"Sería una contradicción amorosa darnos cuenta de que el infinito de la tierra lo hemos confundido con el silencio".
jueves, 23 de abril de 2020
Toque de queda
Durante el toque de queda
el vacío de la calle va creciendo como una bestia que se alimenta de nuestro silencio.
De noche, la bestia corre a través de la ciudad
deshabitada
jugando a ser dios en el primer día.
No es necesario irse para deshabitar.
Existe el abandono y la presencia a la vez.
Cuando te fuiste
la pieza permaneció meses tomada por tus camisas, zapatos, películas, libros.
Cerré el ropero, guardé tus cosas bajo siete llaves que enterré bajo la buganvilia del patio.
Ahora florece con tu aroma
y se extienden hilos invisibles
entre las llaves y las cosas.
*
Afuera
la bestia resplandece bajo la súper luna
que delata su presencia
animal y blanca
y las líridas descienden por su lomo
con la gracia de una chispa
súbita y mortal
como el amor.
**
En Grecia
las pantallas nunca se apagan
insisten en congregarnos bajo la luz roja de Claro
pero ya no hay polillas en esta ciudad
y por eso hay poesía
porque las estrellas siguen brillando
y los hilos invisibles mantienen todo sujeto
a una mano caprichosa.
lunes, 13 de abril de 2020
El pacto
Crecí en el silencio de la pampa
en un paréntesis geográfico
entre el desierto más árido y
el mar más furioso.
Por las noches
caminaba a casa bajo la esfera celeste
que en el norte es oscura y luminosa
a la vez.
El desierto no es silencioso como recuerdo.
El desierto suena como la arena y el viento
combatiendo contra la gravedad
suspendidos por hilos invisibles
un acto de magia
para el ojo más entrenado
me cuenta la niña que fui.
En el desierto era normal sentirse pequeña
cuando era pequeña.
Dimensionar la grandeza no era problema
en ese entonces.
La grandeza era una condición natural
de todo lo que me rodeaba
entre la escuela y la casa.
En los escombros de una obra no concluida
o demasiado terminada
juntábamos vidrios de colores
como joyas.
Cada una guardaba un tesoro de cristal.
Contemplamos la fragilidad y la escondimos
de la mano despiadada de alguna compañera
de la boca hambrienta
del tiempo.
El tiempo revela las trizaduras
socava las grietas
fragmenta el cuerpo.
*
Antes del tiempo
el universo fue un jarrón chino
intacto.
**
A la salida de la escuela íbamos al patio de los dragones.
Era un basural alejado de las casas
cuya figura bajo el sol
se proyectaba en el horizonte
como una bestia mitológica derribada.
Allí leíamos postales
mirábamos fotos
y volvíamos dueñas de los secretos de la humanidad.
También allí
vimos el cuerpo de un animal muerto
y acercamos un palo para experimentar su muerte
y volvimos durante varios días a repetir nuestro acto
secreto.
En el desierto había un árbol
el árbol gigante.
Bajo sus ramas nos dimos nuestros primeros besos
sin abrir la boca.
Todo en ese tiempo
se volvía un pacto de silencio.
La infancia es el tiempo secreto
el cuerpo del silencio absoluto.
El silencio suena como la arena y el viento.
El tiempo permanece suspendido.
La voluntad de una niña puede ser brutal.
***
***
El tiempo es experto devorando los trozos
de una pieza quebrada.
Fracaso
No sé pensar para pensar. Sé escribir para intentar pensar. Y todo es intento en mí desde ese lugar. Y toda mi escritura es síntoma de ello.
Mapa
Un neón trágico
despunta la noche en Puente con Bandera
mi corazón
es un despliegue de pirotecnia barata
a la luz del día.
En el show más vulgar que se pueda imaginar
lanzaré todos mis fuegos de artificio.
Me reparto
por partes iguales
de Norte a Sur.
Entre este par de piernas
bien cabría el Mapocho en sus mejores tiempos.
Este país no es América.
No somos americanos.
América es una constelación
de cincuenta estrellas.
Provengo de un territorio anémico
que apenas se puede los pies.
Mi tata decía que apenas se puede los pies.
Mi tata decía que habría que incendiarlo todo.
despunta la noche en Puente con Bandera
mi corazón
es un despliegue de pirotecnia barata
a la luz del día.
En el show más vulgar que se pueda imaginar
lanzaré todos mis fuegos de artificio.
Me reparto
por partes iguales
de Norte a Sur.
Entre este par de piernas
bien cabría el Mapocho en sus mejores tiempos.
Este país no es América.
No somos americanos.
América es una constelación
de cincuenta estrellas.
Provengo de un territorio anémico
que apenas se puede los pies.
Mi tata decía que apenas se puede los pies.
Mi tata decía que habría que incendiarlo todo.
lunes, 6 de abril de 2020
Infancia
Las verdaderas revelaciones
se nos presentan en la infancia y la noche.
La niña y yo somos cómplices
de una misma existencia.
Luego, vino el exilio.
Cuando era niña miraba fijo el sol.
No temía su destello.
No me espantaba esa oscuridad
luminosa
desafiaba su brillo
mantenía la mirada.
En el destello estaba el secreto
desnudo
a voces
entre los rayos que calaban mis párpados
un grito.
Entonces, jugué a poseer la verdad de las cosas.
Por la noche me quedaba despierta escuchando a la noche.
Ella hablaba a través de los animales
se deslizaba a mi pieza
yo cerraba los ojos
apretados
para que no entrara la noche
y corría a la cama de mis padres
como si allí hubiera una zona libre de ladridos
y tiniebla.
Mis papás se reían de mí
pero no me importaba.
***
He perdido la llave-le digo a la niña
y en la noche
ella levanta su mano
hacia la estrella más brillante
que no es una estrella.
La llave nunca está en la palabra-dice-
provista de la sabiduría de un lawan
y me siento minúscula
como algo que no ha sido llamado.
He perdido mi nombre.
se nos presentan en la infancia y la noche.
La niña y yo somos cómplices
de una misma existencia.
Luego, vino el exilio.
Cuando era niña miraba fijo el sol.
No temía su destello.
No me espantaba esa oscuridad
luminosa
desafiaba su brillo
mantenía la mirada.
En el destello estaba el secreto
desnudo
a voces
entre los rayos que calaban mis párpados
un grito.
Entonces, jugué a poseer la verdad de las cosas.
Por la noche me quedaba despierta escuchando a la noche.
Ella hablaba a través de los animales
se deslizaba a mi pieza
yo cerraba los ojos
apretados
para que no entrara la noche
y corría a la cama de mis padres
como si allí hubiera una zona libre de ladridos
y tiniebla.
Mis papás se reían de mí
pero no me importaba.
***
He perdido la llave-le digo a la niña
y en la noche
ella levanta su mano
hacia la estrella más brillante
que no es una estrella.
La llave nunca está en la palabra-dice-
provista de la sabiduría de un lawan
y me siento minúscula
como algo que no ha sido llamado.
He perdido mi nombre.
viernes, 3 de abril de 2020
Porcelana china
El desamor es un cuchillo.
No hay un corte limpio.
Hay una herida y hay un veneno.
Hay un vacío.
Hay un tiempo sin días.
Es el tiempo del desamor.
La rueda que antes giró rápida
en el tiempo del amor
ahora se detiene
abrupta y cruel
transforma el tiempo en piedra
y todo lo que el tiempo observa
prohibido
se revela ante su ojo
enlosado
en una mala porcelana
como un jarrón chino de utilería
se quiebra
y algo se pierde
irreparable
se cree
pero no se pierde nada
en este juego
hay tantos jarrones por quebrantar.
El desamor es gris y permanece inmóvil.
La quietud detiene la memoria
y escarbas
metiendo mano en un tiempo
estancado
que tarde o temprano huele mal
como la muerte.
El tiempo del desamor se expande como el universo,
tú, sentada al borde de tu pequeño planeta
insignificante
sentada en tu jardín
en una tarde demasiado larga
bajo un sol demasiado frío
una tarde cualquiera en este planeta
te sientas de frente al horizonte
sabiendo que este horizonte no es realmente ningún horizonte
solo es la trayectoria que marca tu mirada
que puede ser cualquiera
y te sientes perdida y absurda e imaginas un mapa
con un precipicio
y ves tus naves surcando ese mar estático
y cayendo al vacío
y ahí abajo no hay dragones
como imaginaste
ahí abajo se expande el universo
con sus corazones de porcelana china
titilando
rotos
simulando un latido
quebrado
brillando como brillan los fantasmas del amor.
Todo amante es un mal asesino.
No hay un corte limpio.
Hay una herida y hay un veneno.
Hay un vacío.
Hay un tiempo sin días.
Es el tiempo del desamor.
La rueda que antes giró rápida
en el tiempo del amor
ahora se detiene
abrupta y cruel
transforma el tiempo en piedra
y todo lo que el tiempo observa
prohibido
se revela ante su ojo
enlosado
en una mala porcelana
como un jarrón chino de utilería
se quiebra
y algo se pierde
irreparable
se cree
pero no se pierde nada
en este juego
hay tantos jarrones por quebrantar.
El desamor es gris y permanece inmóvil.
La quietud detiene la memoria
y escarbas
metiendo mano en un tiempo
estancado
que tarde o temprano huele mal
como la muerte.
El tiempo del desamor se expande como el universo,
tú, sentada al borde de tu pequeño planeta
insignificante
sentada en tu jardín
en una tarde demasiado larga
bajo un sol demasiado frío
una tarde cualquiera en este planeta
te sientas de frente al horizonte
sabiendo que este horizonte no es realmente ningún horizonte
solo es la trayectoria que marca tu mirada
que puede ser cualquiera
y te sientes perdida y absurda e imaginas un mapa
con un precipicio
y ves tus naves surcando ese mar estático
y cayendo al vacío
y ahí abajo no hay dragones
como imaginaste
ahí abajo se expande el universo
con sus corazones de porcelana china
titilando
rotos
simulando un latido
quebrado
brillando como brillan los fantasmas del amor.
Todo amante es un mal asesino.
jueves, 2 de abril de 2020
El corazón es un loco
perdido en el delirio de su fiebre?
El corazón es un loco que salió a la calle y grita desde la vereda de la vida.
Después del grito solo hay noche.
La noche es un largo silencio.
El silencio es una mancha de luz en la memoria.
El grito puede rasgar la memoria en dos.
El corazón de un loco siempre recuerda.
El loco siempre regresa a su voz.
**
Donde había una llama intensa
alzando su fuego
creyéndose el juego
está la mano desnuda.
No hay cartas
hay un vacío
hay algo vacío
más vacío porque conoció el fuego.
***
Mi corazón disecado, lanzado sol arriba, abatido sobre tus arenas.
Mi corazón sobre tu mano de fuego, late y se detiene.
Mi corazón parece una llama pálida junto a tu cuerpo.
Mi corazón en silencio permanece atento a tu voz.
Mi corazón es una estrella apagada en tu universo, pero pulsa.
Mi corazón vio debajo de tu rostro otros rostros y los amó.
Mi corazón duerme ovillado junto a tu noche.
Mi corazón se desliza sobre la geografía de tu mano.
Mi corazón se tiende bajo tu mirada siguiendo tus formas.
Mi corazón se mueve en tu abisalidad, encendido.
Mi corazón está en guerra contra mi corazón, eterna.
Mi corazón no tiene corazón, pero brilla.
Mi corazón ya no tiene poesía, pero escribe.
****
Mi corazón vio tu desierto y caminó por el desierto.
No temió la sed, no temió el hambre, no temió al sol.
En cualquier desierto el sol es lo más doloroso.
El sol es la estrella de la vida.
lunes, 10 de febrero de 2020
La hiena
Donde hubo un fuego, hay una hiena.
Todas tenemos una hiena en nuestra historia.
Todas hemos sido una hiena en otras historias.
En los campos de batalla
después de la guerra
nacen las hienas.
A las hienas no les gusta jugar
al juego de la guerra.
El campo de batalla titila en los ojos de las hienas.
No existe nada más atractivo que una contienda ajena.
Mientras más distante
más deseosa
¡si el deseo pudiera medirse en babas!
De todos los animales que existen
la hiena es la más deseosa.
Codicia solo lo suficiente para esperar su botín.
Su codicia es medida.
Es un animal paciente y temeroso.
No se expone
nunca.
Todo animal vencido
termina en las fauses de una hiena.
¿Para qué luchar? La hiena tiene un sentido práctico total.
Ese asunto de ser una heroína
no la convence del todo.
Deja que las demás se ensucien las manos
mientras ella observa
escondida
sus muertes
casi nunca con sentido
piensa
desde ese lugar seguro
su atalaya.
La hiena se siente inalcanzable.
Después de todo, nadie se disputa los restos.
La batalla embellece los cuerpos
enaltece el espíritu
reparte territorios
pero la hiena es fea y materialista.
Se complace en su frivolidad y pragmatismo.
Si la hiena tuviera un corazón
sería un corazón de plástico
reutilizable.
Si la hiena tuviera un corazón
sería indigna de su linaje de piedra.
Si la hiena tuviera un corazón
se lo arrancaría con sus propias garras
riendo.
sábado, 8 de junio de 2019
"Indigno de ser humano: la autobiografía como juicio moral"
I. Las fotografías: la sonrisa como máscara
El relato, si bien está escrito a modo de ficción autobiográfica, por ende narra desde el Yo, parte utilizando la tercera persona, como si intentara desde esta mirada, no tomar distancia de lo que comenzará a contar, sino, como si esta distancia inicial fuera auténtica, enfatizando esta especie de despersonalización del protagonista, esta tendencia real a sentirse ajeno de sí mismo, y, desde este abismo personal, la historia fuera un ejercicio para irse conectando, ni siquiera con su intimidad, sino, una primera conexión con la primera capa de su ser. A través de la descripción de sus fotografías y, luego, su vida, utiliza la escritura como último intento para conocerse/comprenderse, y, tal vez, comprender en última instancia al otro (el protagonista se siente separado desde una distinción que hace entre él y los demás).
Esta tercera voz comienza la historia describiendo tres imágenes que refieren a tres épocas distintas de la vida Yozo, el protagonista. La primera imagen nos muestra al protagonista en su infancia, acompañado de un grupo de mujeres en un jardín. Es importante observar el espacio en el cual se sitúan los personajes durante la sesión fotográfica, porque existe una relación entre éste y la etapa que vive el protagonista. Por ejemplo, en la primera fotografía, Yozo es niño y lo vemos en un jardín, un lugar idílico, además, acompañado de un grupo de gente (en las siguientes imágenes aparece siempre solo). Dazai nos acerca a esta imagen para mostrarnos algo en particular, la sonrisa del niño, que, en opinión del narrador, a simple vista pareciera un niño agradable, pero un sentido estético más agudo (para un ojo bien entrenado, capaz de distinguir el disfraz, lo falso, la máscara), devela la verdadera naturaleza siniestra de este ser, a tal punto que, este ojo revelador, lo hallaría horrible. El elemento de la sonrisa es crucial en el devenir del protagonista, que, encuentra en este gesto un instrumento de camuflaje social (como se siente distinto a los otros, la sonrisa es una estrategia que le permite homologarse, pasar desapercibido, ser, ante los demás, uno de ellos), una barricada tras la cual esconderse y, desde ahí, intentar (sobre)vivir. Pero sabe que este artificio (la sonrisa) puede ser descubierto (por un ojo agudo) y se sabe amenazado, expuesto desde su diferencia "mientras que en la superficie mostraba siempre un rostro sonriente, por dentro mantenía una lucha desesperada" (pág. 16). La pugna que se libraba en su interior puede observarse en el contraste entre la sonrisa del chico y sus puños apretados "nadie puede sonreír con los puños cerrados con fuerza" (pág. 8). En la segunda fotografía, el niño "agradable" (pero horripilante) se transforma ante los ojos del narrador en un joven apuesto (y no deja de mostrarse sorprendido ante este cambio del protagonista), pero con una sonrisa artificial, y este rasgo ilegítimo, es lo que revela (para el narrador) la condición inhumana de Yozo "...mostraba una sonrisa inteligente. Sin embargo, era distinta a la sonrisa de un ser humano". Sobre el espacio de esta segunda toma, el protagonista está vestido con uniforme, sentado sobre un sillón de mimbre, solo. La última fotografía "la más horrible de todas" (pág.8) mostraba a un Yozo de edad indefinida, ya sin sonrisa (desde la sonrisa "espontánea" del niño, pasamos la sonrisa "profesional" del joven para terminar un rostro cuya sonrisa fue borrada, amputada por la vida), sin ningún tipo de expresión, lo que comunicaba un vacío absoluto. El espacio, en este último fragmento, es una pieza derruida, con una pared agrietada en tres partes, coincidiendo la condición de esta habitación con la vejez o decadencia total (física, moral, parecía estar muriendo) de Yozo y el muro, con lo que se nos muestra en estos tres fragmentos de la vida del protagonista, tres imágenes que nos muestran tres grandes heridas (hitos) en su existencia, la sonrisa como imagen de esa herida abierta.
En el recorrido que hacemos a través de la mirada del narrador sobre la vida de Yozo, recorrido dividido en las tres imágenes, observamos que la descripción no tiene un sentido en sí misma, se describe para juzgar, asistimos a partir de las fotografías a un juicio que hace el protagonista sobre sí mismo, un dictamen que se moviliza desde lo estético hacia lo moral. Cada una de las descripciones, además de contener juicios de valor, termina con una sentencia recurrente en cada momento: "Jamás he visto a un niño con una expresión tan extraña" (pág. 8), "Nunca he visto a un muchacho tan bien parecido con un aspecto tan peculiar" (pág. 8), "Nunca hasta entonces había visto un rostro humano tan extraño"(pág. 9).

(Osamu Dazai, siete años de edad, segundo desde la izquierda)
II. Primer cuaderno de notas.
El primer cuaderno de notas comienza con un cambio en la persona que narra. La visión omnisciente de las primeras páginas, esta visión que mantiene una distancia prudente consigo mismo, cambia a una íntima, a un yo que emerge desde la profunda diferencia que advierte entre él y los otros. Pareciera ser que narrar desde un yo, no solamente conduce al mundo privado de la autobiografía, sino, se erige como un elemento dispuesto a contrastar recurrentemente el abismo que existe entre Yozo y los otros, y, además, muestra lo consciente que es el protagonista de su diferencia que deviene en un extrañamiento continuo de sí mismo en relación al modo de ser del resto: "La verdad es que no tengo la más remota idea de lo que es vivir como un ser humano" (pág. 13). En esta parte del relato se hace un recuento de acontecimientos que dan luces sobre esto, acompañados de reflexiones por parte del narrador. Yozo es consciente de su conducta "extraña", por lo que vive sumido en una angustia y temor de ser descubierto, por ello decide "ocultarse". El saberse "oculto" lo lleva a pensar que el resto de las personas también se ocultan, que viven engañándose unas a otras de modo natural, espontáneo, sin llegar a verse afectadas por esto "Parecen no darse ni cuenta de la superchería...No obstante a nadie parece preocuparle este intercambio de falsedades". El protagonista, ante este escenario, decide no volverse alguien respetable (porque entiende por ello alguien que ha perfeccionado el arte de fingir), sino transformarse en alguien imperceptible (para que el resto le permitiese vivir), incluso en alguien capaz de generar afecto en los otros. Para ello comienza a utilizar las "bufonadas" y ve en ello el único vínculo posible entre él y las demás personas. Se vuelve alguien complaciente, sin capacidad de discutir ni defenderse con tal de agradar (y permanecer invisible), sin poder decidir, llegando a ver este mecanismo como la fuente de sus desgracias futuras, de su vida vergonzosa. Este juego de roles lo atrapa en un personaje que, por un lado, no comprende la dimensión moral a la que aspira el ser humano considerando la farsa en la que vive para "conseguirla" (advierte esta puesta en escena en la que participamos todos, mintiéndonos y mintiéndole al resto, y, sobre todo, vigilándonos (controlándonos) y vigilando las conductas de los otros), y, por otro, decide plegarse al juego, pero consciente de la gran mentira. Aunque él preferiría que le revelaran el funcionamiento de esta "habilidad" (fingir) para liberarlo del temor que siente ante la farsa ajena y liberar su conducta atada a algo incomprensible para él.

El relato, si bien está escrito a modo de ficción autobiográfica, por ende narra desde el Yo, parte utilizando la tercera persona, como si intentara desde esta mirada, no tomar distancia de lo que comenzará a contar, sino, como si esta distancia inicial fuera auténtica, enfatizando esta especie de despersonalización del protagonista, esta tendencia real a sentirse ajeno de sí mismo, y, desde este abismo personal, la historia fuera un ejercicio para irse conectando, ni siquiera con su intimidad, sino, una primera conexión con la primera capa de su ser. A través de la descripción de sus fotografías y, luego, su vida, utiliza la escritura como último intento para conocerse/comprenderse, y, tal vez, comprender en última instancia al otro (el protagonista se siente separado desde una distinción que hace entre él y los demás).
Esta tercera voz comienza la historia describiendo tres imágenes que refieren a tres épocas distintas de la vida Yozo, el protagonista. La primera imagen nos muestra al protagonista en su infancia, acompañado de un grupo de mujeres en un jardín. Es importante observar el espacio en el cual se sitúan los personajes durante la sesión fotográfica, porque existe una relación entre éste y la etapa que vive el protagonista. Por ejemplo, en la primera fotografía, Yozo es niño y lo vemos en un jardín, un lugar idílico, además, acompañado de un grupo de gente (en las siguientes imágenes aparece siempre solo). Dazai nos acerca a esta imagen para mostrarnos algo en particular, la sonrisa del niño, que, en opinión del narrador, a simple vista pareciera un niño agradable, pero un sentido estético más agudo (para un ojo bien entrenado, capaz de distinguir el disfraz, lo falso, la máscara), devela la verdadera naturaleza siniestra de este ser, a tal punto que, este ojo revelador, lo hallaría horrible. El elemento de la sonrisa es crucial en el devenir del protagonista, que, encuentra en este gesto un instrumento de camuflaje social (como se siente distinto a los otros, la sonrisa es una estrategia que le permite homologarse, pasar desapercibido, ser, ante los demás, uno de ellos), una barricada tras la cual esconderse y, desde ahí, intentar (sobre)vivir. Pero sabe que este artificio (la sonrisa) puede ser descubierto (por un ojo agudo) y se sabe amenazado, expuesto desde su diferencia "mientras que en la superficie mostraba siempre un rostro sonriente, por dentro mantenía una lucha desesperada" (pág. 16). La pugna que se libraba en su interior puede observarse en el contraste entre la sonrisa del chico y sus puños apretados "nadie puede sonreír con los puños cerrados con fuerza" (pág. 8). En la segunda fotografía, el niño "agradable" (pero horripilante) se transforma ante los ojos del narrador en un joven apuesto (y no deja de mostrarse sorprendido ante este cambio del protagonista), pero con una sonrisa artificial, y este rasgo ilegítimo, es lo que revela (para el narrador) la condición inhumana de Yozo "...mostraba una sonrisa inteligente. Sin embargo, era distinta a la sonrisa de un ser humano". Sobre el espacio de esta segunda toma, el protagonista está vestido con uniforme, sentado sobre un sillón de mimbre, solo. La última fotografía "la más horrible de todas" (pág.8) mostraba a un Yozo de edad indefinida, ya sin sonrisa (desde la sonrisa "espontánea" del niño, pasamos la sonrisa "profesional" del joven para terminar un rostro cuya sonrisa fue borrada, amputada por la vida), sin ningún tipo de expresión, lo que comunicaba un vacío absoluto. El espacio, en este último fragmento, es una pieza derruida, con una pared agrietada en tres partes, coincidiendo la condición de esta habitación con la vejez o decadencia total (física, moral, parecía estar muriendo) de Yozo y el muro, con lo que se nos muestra en estos tres fragmentos de la vida del protagonista, tres imágenes que nos muestran tres grandes heridas (hitos) en su existencia, la sonrisa como imagen de esa herida abierta.
En el recorrido que hacemos a través de la mirada del narrador sobre la vida de Yozo, recorrido dividido en las tres imágenes, observamos que la descripción no tiene un sentido en sí misma, se describe para juzgar, asistimos a partir de las fotografías a un juicio que hace el protagonista sobre sí mismo, un dictamen que se moviliza desde lo estético hacia lo moral. Cada una de las descripciones, además de contener juicios de valor, termina con una sentencia recurrente en cada momento: "Jamás he visto a un niño con una expresión tan extraña" (pág. 8), "Nunca he visto a un muchacho tan bien parecido con un aspecto tan peculiar" (pág. 8), "Nunca hasta entonces había visto un rostro humano tan extraño"(pág. 9).

(Osamu Dazai, siete años de edad, segundo desde la izquierda)
II. Primer cuaderno de notas.
El primer cuaderno de notas comienza con un cambio en la persona que narra. La visión omnisciente de las primeras páginas, esta visión que mantiene una distancia prudente consigo mismo, cambia a una íntima, a un yo que emerge desde la profunda diferencia que advierte entre él y los otros. Pareciera ser que narrar desde un yo, no solamente conduce al mundo privado de la autobiografía, sino, se erige como un elemento dispuesto a contrastar recurrentemente el abismo que existe entre Yozo y los otros, y, además, muestra lo consciente que es el protagonista de su diferencia que deviene en un extrañamiento continuo de sí mismo en relación al modo de ser del resto: "La verdad es que no tengo la más remota idea de lo que es vivir como un ser humano" (pág. 13). En esta parte del relato se hace un recuento de acontecimientos que dan luces sobre esto, acompañados de reflexiones por parte del narrador. Yozo es consciente de su conducta "extraña", por lo que vive sumido en una angustia y temor de ser descubierto, por ello decide "ocultarse". El saberse "oculto" lo lleva a pensar que el resto de las personas también se ocultan, que viven engañándose unas a otras de modo natural, espontáneo, sin llegar a verse afectadas por esto "Parecen no darse ni cuenta de la superchería...No obstante a nadie parece preocuparle este intercambio de falsedades". El protagonista, ante este escenario, decide no volverse alguien respetable (porque entiende por ello alguien que ha perfeccionado el arte de fingir), sino transformarse en alguien imperceptible (para que el resto le permitiese vivir), incluso en alguien capaz de generar afecto en los otros. Para ello comienza a utilizar las "bufonadas" y ve en ello el único vínculo posible entre él y las demás personas. Se vuelve alguien complaciente, sin capacidad de discutir ni defenderse con tal de agradar (y permanecer invisible), sin poder decidir, llegando a ver este mecanismo como la fuente de sus desgracias futuras, de su vida vergonzosa. Este juego de roles lo atrapa en un personaje que, por un lado, no comprende la dimensión moral a la que aspira el ser humano considerando la farsa en la que vive para "conseguirla" (advierte esta puesta en escena en la que participamos todos, mintiéndonos y mintiéndole al resto, y, sobre todo, vigilándonos (controlándonos) y vigilando las conductas de los otros), y, por otro, decide plegarse al juego, pero consciente de la gran mentira. Aunque él preferiría que le revelaran el funcionamiento de esta "habilidad" (fingir) para liberarlo del temor que siente ante la farsa ajena y liberar su conducta atada a algo incomprensible para él.

jueves, 16 de mayo de 2019
We are the stars of the firing line
But deceit can't save you so
We will watch them burn
Suede
Alguien vio nuestro árbol incendiando el horizonte, una antorcha, un cristal atravesado, pero estábamos dormidos bajo la raíz. Perdimos el Edén con la caída de la manzana. Fue la última advertencia, la amenaza roja. Nosotros, que jugamos con fuego, fuimos expulsados, uno del otro, para siempre.
martes, 14 de mayo de 2019
¿Recuerdas la piedra? me decías, sobre esta piedra alzaremos nuestro amor.
En ese entonces, creí, bastaba una piedra para levantar una ciudad, creí, bastaba mi corazón para alimentar a tus demonios, me decías que tus demonios le temían al fuego, así que nuestra ciudad ardió hasta la piedra. A lo lejos, resplandece apagado el lomo de una quimera.
domingo, 28 de abril de 2019
Lejos de nosotros se erige una gran pira con tu corazón en el centro. Es nuestra ciudad alimentándose del último fuego. Desertan luciérnagas, se extinguen frente a nuestros ojos, cenizas. El delirio es un lugar común en este incendio. Ven, cubre mis ojos, que pueda caminar una vez más sobre tu fuego.
sábado, 27 de abril de 2019
Esta noche vino un fantasma con tu rostro. No pude hablarle y la palabra se apagó sobre mi lengua. No quiso hablarme y el silencio resonó en nuestra tierra. En nuestro delirio, pensamos que fue un dios que bostezaba sobre nuestras cabezas y nos apartamos del rayo que caía, tú, hacia un lado completamente inaccesible para mi ojo, fantasma.
...
Entre tú y yo se extiende un cuerpo cubierto de cuerpos. Aquí, yace nuestro amor. La guerra ha terminado. He quemado cada puente que conduzca a la ciudad. Me he cegado con un relámpago en mitad de la cara y huyo. Alguien, en otro mundo, apaga el cielo. Sobre mi mano cae tu nombre, fugaz, como una estrella improvisada.
...
...
Entre tú y yo se extiende un cuerpo cubierto de cuerpos. Aquí, yace nuestro amor. La guerra ha terminado. He quemado cada puente que conduzca a la ciudad. Me he cegado con un relámpago en mitad de la cara y huyo. Alguien, en otro mundo, apaga el cielo. Sobre mi mano cae tu nombre, fugaz, como una estrella improvisada.
...
lunes, 22 de abril de 2019
¿Quién sino mi chica fue la que prendió fuego a la ciudad?
¿Quién sino mi chica fue la que prendió fuego a la ciudad?
R. Lowell
R. Lowell
Me posee un fuego, ardo desde esa llama desbordada que soy, calcina su raíz, mi sombra, apagada, en su hoguera.
Que la venganza, a la luz del día, adopte una forma asesina.
He puesto una piedra en tu mano. La piedra es inefable. El sortilegio se esconde dentro de tu mano.
Afuera, alguien con tu rostro azuza a una bestia. A la medianoche, caen los antifaces. Entre un azote y otro, la bestia escupe una piedra que se ilumina.
sábado, 17 de octubre de 2015
No hay nada más solo que la mirada
Él piensa que no volverá a mi casa. Pero no lo dice, por si en el futuro se arrepiente. Cree que mi casa, gris, como piensa que es, siempre está abierta para él. Pero no lo está. Quiero visitarte, me escribía hace unos días. Leí el mensaje varias veces sin responder. No quiero que venga. Nunca tenemos sobre qué hablar realmente, pese a que igual hablamos, como improvisando conversaciones que no se sostienen salvo por los besos, salvo por las caricias, salvo por la cama que compartimos al final de todo, siempre. Como que hay que hablar aunque no se quiera. Le diría que viniese si sólo viniera a besarnos y hacerlo. Pero, no, ambos fingimos ese preámbulo innecesario, como si fuéramos amigos. Apenas si somos, yo para él, él para mi. No sé si recuerda mi nombre. Tampoco es que me importe. Para mi es el chico de los besos. Para mi eres el chico de la cama. Si no insistieras en quedarte tanto rato por la mañana, tal vez te invitaría un día de estos. Pero sueles dormir en mi cama hasta tarde y yo, mientras, pasearme por la cocina, por el baño, por el patio, por la cocina, por la escalera, sin llegar a acercarme a mi habitación para no despertarte, me paseo como si esta casa mía fuera un territorio extranjero. Me gustaría despertarte bruscamente y pedirte que te fueras porque tengo cosas que hacer. Te he contado que los domingos visito a mi mamá, que vamos juntas a la feria, que caminamos mientras la escucho, que camino en silencio junto a ella. Pero no te importa porque duermes como si no te importaran mis rutinas. Todos los domingos visito a mi mamá, te cuento, mientras te encamino al metro más cercano y nos despedimos con un beso como si nos quisiéramos.
Te respondí diciendo que vinieras, que estaría sola ese día. Te dije que no volvería a echarme para atrás. Me dijiste que podíamos escuchar tu disco. Dijiste que estarías aquí cerca de las 9 de la noche, pero llegaste pasado las 11 sin el famoso disco. Tomamos whisky, fumamos y hablamos ese tipo de conversaciones que ya referí líneas antes. Al final, sólo guardabas silencio mientras yo hablaba, cantaba y hablaba, haciendo hora para ir a la cama. Me seguiste por la escalera. Te ofrecí su pieza, pero entraste a la mía. Me acosté pensando en que no lo haríamos. Además de estar mareada, en algún momento de la vida dejaste de ser el chico de los besos, de la cama. Te acostaste y me acosté a tu lado, me abrazaste y me dejé sin corresponderte, intentaste besarme, me mantuve rígida mientras tu mano subía por mi pierna izquierda y se detenía, como siempre, entre ésta y la derecha. Tu mano se movía con torpeza, como un pez fuera del agua, entre mis piernas. No sentí nada. Sentí asco y me levanté a vomitar. Tengo que bajar a vomitar, te avisé. Subí. Me cansé. Me di vuelta. Me dormí.
Ya no me has escrito hace semanas. Mi casa permanece gris; ahora es una casa gris con parrón. Hay calas en una de las jardineras y la fucsia que planté el verano pasado ha florecido su primera flor. Los azahares del naranjo mantienen el patio con un olor dulce y a veces recojo una naranja o un limón con fines desconocidos. Ahora que comienza a hacer calor, suelo acostarme cerca del medio día entre las calas, los cardenales y la fucsia. Me gusta que no haya nadie en casa. Me gusta que no estés tú en casa. Mi casa tiene esta rutina gris. Mi casa es gris. Mi jardín es gris. Mi casa y yo mantenemos un espacio gris entre nosotras, nuestra simbiosis es perfecta, cohabitamos, nos observamos a distancia, soy cuando ella me mira, y ella es para mi y esa distancia entre nosotras es íntima, no está abierta para ti ni para nadie. No hay nada más solo que la mirada, leía esta tarde.
lunes, 12 de octubre de 2015
Lanzamiento de "Heroína"
https://www.youtube.com/watch?v=gZyEq8B6yL0&feature=youtu.be
Poemario virtual:
https://issuu.com/elilacardenas/docs/hero__na_diagrama_210f30a7d31d99/1?e=0
Poemario virtual:
https://issuu.com/elilacardenas/docs/hero__na_diagrama_210f30a7d31d99/1?e=0
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Primavera
Afuera hay un cuadro estático
inmutable
en su velocidad
nada cambia ventana afuera
ni el árbol lleno de azahares
avisa el cambio de estación
no puede cambiar cuando su naturaleza está muerta
el frío del mármol
el blanco de todo
nada cambia ventana afuera
el nido permanece cubierto de pájaros
bajo el sol y la lluvia
los pájaros no vuelan
apiñados en sus ramas
las hojas caen y no caen
aferradas a ese árbol
suspendidas
vivas y muertas
para este ojo
el problema está en el ojo
lento
todo se mueve a la velocidad
de su incompetencia
está la incertidumbre de la calma
la quietud de ficción
las expectativas de siempre
forzándolo todo
la dictadura del deseo
rapaz sobre cada vivencia
aquí dentro
cada latido rompe olas
contra una piel continente
una corona de espuma
reina sobre todo
aquí dentro
me paseo inquieta entre piel y piel
voy de un lado de mí a otro
voy rasgándolo todo
aquí dentro
hay un territorio a punto de colapsar
un choque de ritmos
de pájaros rompiendo la formación
de bandadas quebradas
contra cielos quebrados
un horizonte roto se posa sobre mis manos
todo lo que pudo romperse
permanece sobre mis manos
como si pudiera arreglarse algo
como si pudiera cambiar
todo partió de mí ya roto.
inmutable
en su velocidad
nada cambia ventana afuera
ni el árbol lleno de azahares
avisa el cambio de estación
no puede cambiar cuando su naturaleza está muerta
el frío del mármol
el blanco de todo
nada cambia ventana afuera
el nido permanece cubierto de pájaros
bajo el sol y la lluvia
los pájaros no vuelan
apiñados en sus ramas
las hojas caen y no caen
aferradas a ese árbol
suspendidas
vivas y muertas
para este ojo
el problema está en el ojo
lento
todo se mueve a la velocidad
de su incompetencia
está la incertidumbre de la calma
la quietud de ficción
las expectativas de siempre
forzándolo todo
la dictadura del deseo
rapaz sobre cada vivencia
aquí dentro
cada latido rompe olas
contra una piel continente
una corona de espuma
reina sobre todo
aquí dentro
me paseo inquieta entre piel y piel
voy de un lado de mí a otro
voy rasgándolo todo
aquí dentro
hay un territorio a punto de colapsar
un choque de ritmos
de pájaros rompiendo la formación
de bandadas quebradas
contra cielos quebrados
un horizonte roto se posa sobre mis manos
todo lo que pudo romperse
permanece sobre mis manos
como si pudiera arreglarse algo
como si pudiera cambiar
todo partió de mí ya roto.
sábado, 15 de agosto de 2015
Maniobra de evasión
Y a veces lográbamos saber, antes del beso,
de las manos,
que ellas eran como puertos destruidos por la guerra,
una pura fachada restaurada...
Alexis Figueroa
Ella
Otro
&
Transitan por Independencia camino al supermercado. No se toman de las manos, lo que no significa nada. Nunca se toman de las manos. Conversan sin mirarse, como si ambos realizaran un monólogo frente a una proyección del otro, como si no estuviesen frente a frente.
E: …siempre es lo mismo. Tienes que abrir un paréntesis
entre nosotros.
O: tú también los haces.
E: ¿y eso a qué responde?
O: a nada, sólo que quiero que lo sepas.
E: a veces quieres que sepa y otras, que ignore, por
ejemplo, que ignore el porqué de los paréntesis, tuyos o míos, de los
paréntesis en general.
O: ¿se puede generalizar en relación a los paréntesis?
Cada uno responde a una necesidad distinta.
E: ¿cuál es tu necesidad al abrirlos?
O: no lo sé o tal vez no quiera decírtelo, no sé si
quiero decírtelo.
E: nunca sabes nada pero te gusta hablar desde un lugar
de saber.
O: tal vez sé todo y también sé que no quiero decirlo y
prefiero decir “no lo sé”, enredarte en incertidumbres para cortar el tema.
Detesto discutir. Sabes, al menos, eso.
E: ¿se supone que lo agradezca? También detesto discutir,
sobre todo contigo, sobre todo estos temas que no son ni temas ¿De verdad
podemos argumentar y contra argumentar en torno a nuestras decisiones, en torno
al porqué decidimos separarnos, al porqué decidimos estar juntos?
O: ya sabes, no lo sé, sólo intento responderte por…algo
que no logro comprender, es como si necesitara sumar palabras a este discurso
tuyo, nuestro, como ayudarte a armar algún tipo de respuesta, a dejarte
tranquila, al menos o tal vez, pensándolo bien, a quedarme tranquilo con
respecto a ti. Es un gesto totalmente egoísta, lo asumo.
E: me gustaba cuando discutíamos y sacabas cuaderno y
lápiz y anotabas todos mis puntos y luego, durante tu turno comenzabas, con
rigurosidad marcial, a intentar responder a cada uno. Nunca sirvió de nada. Al
poco anotar, cuando ya estabas ofuscado y el ritmo de la discusión aceleraba lo
suficiente para no permitirte escribir, aparecía el tú disperso, contra argumentando
sin sentido, olvidando todo punto.
O: hablando de sentido, no le veo sentido a tener que
explicarte, otra vez, luego de tantas veces que lo he intentado, el porqué
quiero dejar lo nuestro. Nada me obliga a hacerlo. Basta con que te lo diga y
ya.
E: ¡es cierto! Todo actuar nace del egoísmo. No existe
nada que no se haga pensando en uno mismo. Es egoísta el comenzar una relación
como el acto de romper. Se supone que todo comienza basado en el amor, pero ese
amor es tan solipsista como el desamor. Quieres estar con alguien no por
acompañarle sino porque necesitas su compañía.
O: …y luego ya no ¿De verdad será necesario contarle eso
al otro? ¿Te gustaría escuchar eso?
E: no lo tengo claro…ahora mismo debería estar sufriendo
en lugar de racionalizar tu partida. Necesito construirle un sentido a todo,
a las emociones, a las decisiones, a las acciones. Ese sentido, en nuestro
caso, vendría a ser una construcción conjunta. A veces quisiera odiarte por
todo esto, odiarte al escucharte decir que no me quieres más, pero no puedo, no
porque no lo merezcas sino porque mi cabeza no para de pensar y esfuma todo el
drama, la tragedia sucumbe ante la razón. No sé si mereces odiarte, pero
quisiera odiarte.
O: no me odias porque tampoco me quisiste, ni yo. No
somos de ese tipo emociones.
&&
Ella piensa esto mientras caminan. Nunca lo dice. No lo cuenta a nadie. No lo escribe.
E: una vez quise a alguien, quise estar con él pese a
todo, pese a mí, sabiendo que no iba a funcionar sobre todo por mí. Es lo más
irracional que he hecho. Lo quise, lo humillé, me quiso, me humilló, rompí mis
cartas para él, boté los regalos que le di. Él lloró toda la tarde. Recogió los
pedazos de todo. Lo consolé. Me disculpé. Me perdonó. Viajamos. Paseamos por
Lisboa. Me tomó en brazos frente a la torre de Belem. La gente se río. Nos
reímos. Paseamos por la noche. Escuchamos fado. Bebimos oporto. Me contó sobre
la muerte de alguien y su reacción. Me acordé de "El extranjero" y mi reacción.
Tomamos más oporto. Caminamos al hostal. Desayunamos panqueques. Subimos al
castillo. Nos besamos mirando Lisboa. Lo grabé explicándome un mapa mientras
un tipo tocaba melodías medievales en una flauta y daba saltos graciosos. Se
dio cuenta que lo grababa y apagó la cámara. Lo besé. Tomamos el tren. Me dormí.
Me cubrió con su chaqueta. Volvimos a Madrid. Lavó mi ropa mientras yo dormía.
Me despertó para almorzar. Se fue a sus clases de inglés. Compré galletas y
cerveza y escribí una nota en la puerta del departamento. Nos peleamos. Boté
las galletas. Me humilló. Lloré. Me humilló. Lloré. Quiso matarme. Me encerré
en su pieza. Lloró. Tomé una ducha y me acosté a dormir mientras él intentaba limpiar
todo el desastre. De madrugada escuché que salía. Dormí. No volvió. Me corté
todo el pelo. Hablamos. Abrimos el paréntesis pese a tanto amor. No lo odio pese a
tanto amor.
&&&
O: ¿Recuerdas esa mañana en Barajas? Hoy mismo pienso que no debí ir a buscarte a Madrid. Debí haber previsto tu encuentro con él.
E: sabías desde el principio del viaje que yo iba por él, pero insistías en verme "como amigos"...
O: aún no perdono que me hayan ignorado en la fila del equipaje. Al menos debiste acercarte a saludarme.
E: pensé que sería peor así. Él quiso ir cuando notó que estabas allí, pero le dije que sólo te sentirías peor.
O: ¿Por qué no te quedaste con él? Nada te obligaba a acompañarme a Finlandia. De hecho, hubiera preferido eso a que fueras conmigo, que lloraras durante todo el vuelo.
E: él no quiso que me quedara, por eso no me quedé, por eso fui a Finlandia y lloré...
O: no fuiste la única que lloró conmigo a causa de otro...no sé por qué tienen que llorar conmigo pensando en otro ¿Tan frío me perciben que llegan a sentirse cómodas en esas situaciones?
E: siempre me pareciste como hecho de mármol, no sólo por la frialdad, sino por esa relación que tiene éste con la muerte. Siempre me pareciste un cementerio en blanco, como ausente...
¿Recuerdas cuando nos citamos para un 25 de diciembre del 2000...2005...?
O: habíamos terminado. Fue uno de los primeros y tantos paréntesis que hemos abierto entre nosotros. Recuerdo que pusiste como excusa para vernos el ir a conmemorar el aniversario de nacimiento y muerte de Lira.
E: esa tarde paseamos por todo el General. Hacía calor, pero entre las lápidas, el musgo, los árboles, sentí frío junto a ti. Parecías tan de allí, tan silencioso como un abismo.
O: nunca encontramos el Ilang Ilang mítico, pero igual recitamos unos versos de Lira en su honor.
E: los versos de Lira siempre están reuniéndonos como una especie de invocación. Ya no pude leerlo sin relacionarlo contigo, con nosotros y nuestros paréntesis y nuestros reencuentros. Ojalá Lira nos separara para siempre.
&&&&
En la tarde, en la cama, luego de haber recorrido el Bío en busca de libros, de haber conversado sobre Le Guin con don Alfonso, de haber hablado sobre Angela Carter con don Alfonso; luego de haber emulado al amor en la tarde, en la cama.
E: (piensa) intento tomar tus dedos cuando estás tendido junto a mi, cuando me mantienes abrazada y queda tu mano a la altura de mis ojos, intento tomar tus dedos, los tomo, los tomo uno a uno y los voy poniendo sobre mi boca, los beso, los lamo, los chupo pensando que eso te agrada, que eso le gusta a cualquiera, que eso no me gusta ni me desagrada, que no puedo sino pensar en que eso le agrada a todos, que eres como todos, que te gusta lo que le gusta a cualquiera, que otras ya te habrán besado los dedos, lamido entre ellos, que otras los habrán chupado a uno a uno, que no hay modo de reinventar ese rito, reinventarnos en él, ser otra al besarte, no puedo ser otra que te bese los dedos, nunca logro desprenderme de mi misma...
O: gracias por el sexo.
E: ¿De verdad tenemos que hablar? Preferiría no hacerlo después de eso.
O: me usaste.
E: ya...no es así.
O: ¿o suena mejor decir que yo te usé?
E: mejor sería no hablar.
O: debo irme; aún debo hacer la maleta.
E: sí, dale.
O: ¿qué harás?
E: quedarme aquí tendida.
O: bueno, tal vez te escriba.
E: ya, no es necesario, lo sabes.
O: debo irme.
E: que llegues bien.
O: chao.
E: cuídate.
Permanece tendida, desnuda, se atraviesa en la cama, se envuelve en su ropa, cierra los ojos adentro de la cama, permanece de lado, siente la puerta, se duerme.
&&&
O: ¿Recuerdas esa mañana en Barajas? Hoy mismo pienso que no debí ir a buscarte a Madrid. Debí haber previsto tu encuentro con él.
E: sabías desde el principio del viaje que yo iba por él, pero insistías en verme "como amigos"...
O: aún no perdono que me hayan ignorado en la fila del equipaje. Al menos debiste acercarte a saludarme.
E: pensé que sería peor así. Él quiso ir cuando notó que estabas allí, pero le dije que sólo te sentirías peor.
O: ¿Por qué no te quedaste con él? Nada te obligaba a acompañarme a Finlandia. De hecho, hubiera preferido eso a que fueras conmigo, que lloraras durante todo el vuelo.
E: él no quiso que me quedara, por eso no me quedé, por eso fui a Finlandia y lloré...
O: no fuiste la única que lloró conmigo a causa de otro...no sé por qué tienen que llorar conmigo pensando en otro ¿Tan frío me perciben que llegan a sentirse cómodas en esas situaciones?
E: siempre me pareciste como hecho de mármol, no sólo por la frialdad, sino por esa relación que tiene éste con la muerte. Siempre me pareciste un cementerio en blanco, como ausente...
¿Recuerdas cuando nos citamos para un 25 de diciembre del 2000...2005...?
O: habíamos terminado. Fue uno de los primeros y tantos paréntesis que hemos abierto entre nosotros. Recuerdo que pusiste como excusa para vernos el ir a conmemorar el aniversario de nacimiento y muerte de Lira.
E: esa tarde paseamos por todo el General. Hacía calor, pero entre las lápidas, el musgo, los árboles, sentí frío junto a ti. Parecías tan de allí, tan silencioso como un abismo.
O: nunca encontramos el Ilang Ilang mítico, pero igual recitamos unos versos de Lira en su honor.
E: los versos de Lira siempre están reuniéndonos como una especie de invocación. Ya no pude leerlo sin relacionarlo contigo, con nosotros y nuestros paréntesis y nuestros reencuentros. Ojalá Lira nos separara para siempre.
&&&&
En la tarde, en la cama, luego de haber recorrido el Bío en busca de libros, de haber conversado sobre Le Guin con don Alfonso, de haber hablado sobre Angela Carter con don Alfonso; luego de haber emulado al amor en la tarde, en la cama.
E: (piensa) intento tomar tus dedos cuando estás tendido junto a mi, cuando me mantienes abrazada y queda tu mano a la altura de mis ojos, intento tomar tus dedos, los tomo, los tomo uno a uno y los voy poniendo sobre mi boca, los beso, los lamo, los chupo pensando que eso te agrada, que eso le gusta a cualquiera, que eso no me gusta ni me desagrada, que no puedo sino pensar en que eso le agrada a todos, que eres como todos, que te gusta lo que le gusta a cualquiera, que otras ya te habrán besado los dedos, lamido entre ellos, que otras los habrán chupado a uno a uno, que no hay modo de reinventar ese rito, reinventarnos en él, ser otra al besarte, no puedo ser otra que te bese los dedos, nunca logro desprenderme de mi misma...
O: gracias por el sexo.
E: ¿De verdad tenemos que hablar? Preferiría no hacerlo después de eso.
O: me usaste.
E: ya...no es así.
O: ¿o suena mejor decir que yo te usé?
E: mejor sería no hablar.
O: debo irme; aún debo hacer la maleta.
E: sí, dale.
O: ¿qué harás?
E: quedarme aquí tendida.
O: bueno, tal vez te escriba.
E: ya, no es necesario, lo sabes.
O: debo irme.
E: que llegues bien.
O: chao.
E: cuídate.
Permanece tendida, desnuda, se atraviesa en la cama, se envuelve en su ropa, cierra los ojos adentro de la cama, permanece de lado, siente la puerta, se duerme.
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