Basta con un respiro para habitarme en este cuarto, para que se desborde habitándome en cada inhalación, para que lo desborde habitándolo en cada exhalación, para que yo vaya siendo en la medida que se es y éste sea en la medida que me soy y entonces no se sepa qué fue brazo o muralla, qué fue ojo o ventana, qué fue silla o piernas y yo pueda sonreir cuando tú golpeas a mi puerta y el cuarto pueda soñarse cuando yo cierro los ojos y mi memoria se vuelva cuadro y mapa y foto y boleto en la pared y sus recuerdos vayan dibujándose en mi piel. Y no es extraño que aquí se llene de polvo y tristeza cuando me voy. Porque las convenciones territoriales no soportan las ganas de unirse de esta piel y esta muralla*
La poupe, Hans Bellmer
* (y se tienen ganas hace tiempo).