Lejos de nosotros se erige una gran pira con tu corazón en el centro. Es nuestra ciudad alimentándose del último fuego. Desertan luciérnagas, se extinguen frente a nuestros ojos, cenizas. El delirio es un lugar común en este incendio. Ven, cubre mis ojos, que pueda caminar una vez más sobre tu fuego.
domingo, 28 de abril de 2019
sábado, 27 de abril de 2019
Esta noche vino un fantasma con tu rostro. No pude hablarle y la palabra se apagó sobre mi lengua. No quiso hablarme y el silencio resonó en nuestra tierra. En nuestro delirio, pensamos que fue un dios que bostezaba sobre nuestras cabezas y nos apartamos del rayo que caía, tú, hacia un lado completamente inaccesible para mi ojo, fantasma.
...
Entre tú y yo se extiende un cuerpo cubierto de cuerpos. Aquí, yace nuestro amor. La guerra ha terminado. He quemado cada puente que conduzca a la ciudad. Me he cegado con un relámpago en mitad de la cara y huyo. Alguien, en otro mundo, apaga el cielo. Sobre mi mano cae tu nombre, fugaz, como una estrella improvisada.
...
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Entre tú y yo se extiende un cuerpo cubierto de cuerpos. Aquí, yace nuestro amor. La guerra ha terminado. He quemado cada puente que conduzca a la ciudad. Me he cegado con un relámpago en mitad de la cara y huyo. Alguien, en otro mundo, apaga el cielo. Sobre mi mano cae tu nombre, fugaz, como una estrella improvisada.
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lunes, 22 de abril de 2019
¿Quién sino mi chica fue la que prendió fuego a la ciudad?
¿Quién sino mi chica fue la que prendió fuego a la ciudad?
R. Lowell
R. Lowell
Me posee un fuego, ardo desde esa llama desbordada que soy, calcina su raíz, mi sombra, apagada, en su hoguera.
Que la venganza, a la luz del día, adopte una forma asesina.
He puesto una piedra en tu mano. La piedra es inefable. El sortilegio se esconde dentro de tu mano.
Afuera, alguien con tu rostro azuza a una bestia. A la medianoche, caen los antifaces. Entre un azote y otro, la bestia escupe una piedra que se ilumina.
sábado, 17 de octubre de 2015
No hay nada más solo que la mirada
Él piensa que no volverá a mi casa. Pero no lo dice, por si en el futuro se arrepiente. Cree que mi casa, gris, como piensa que es, siempre está abierta para él. Pero no lo está. Quiero visitarte, me escribía hace unos días. Leí el mensaje varias veces sin responder. No quiero que venga. Nunca tenemos sobre qué hablar realmente, pese a que igual hablamos, como improvisando conversaciones que no se sostienen salvo por los besos, salvo por las caricias, salvo por la cama que compartimos al final de todo, siempre. Como que hay que hablar aunque no se quiera. Le diría que viniese si sólo viniera a besarnos y hacerlo. Pero, no, ambos fingimos ese preámbulo innecesario, como si fuéramos amigos. Apenas si somos, yo para él, él para mi. No sé si recuerda mi nombre. Tampoco es que me importe. Para mi es el chico de los besos. Para mi eres el chico de la cama. Si no insistieras en quedarte tanto rato por la mañana, tal vez te invitaría un día de estos. Pero sueles dormir en mi cama hasta tarde y yo, mientras, pasearme por la cocina, por el baño, por el patio, por la cocina, por la escalera, sin llegar a acercarme a mi habitación para no despertarte, me paseo como si esta casa mía fuera un territorio extranjero. Me gustaría despertarte bruscamente y pedirte que te fueras porque tengo cosas que hacer. Te he contado que los domingos visito a mi mamá, que vamos juntas a la feria, que caminamos mientras la escucho, que camino en silencio junto a ella. Pero no te importa porque duermes como si no te importaran mis rutinas. Todos los domingos visito a mi mamá, te cuento, mientras te encamino al metro más cercano y nos despedimos con un beso como si nos quisiéramos.
Te respondí diciendo que vinieras, que estaría sola ese día. Te dije que no volvería a echarme para atrás. Me dijiste que podíamos escuchar tu disco. Dijiste que estarías aquí cerca de las 9 de la noche, pero llegaste pasado las 11 sin el famoso disco. Tomamos whisky, fumamos y hablamos ese tipo de conversaciones que ya referí líneas antes. Al final, sólo guardabas silencio mientras yo hablaba, cantaba y hablaba, haciendo hora para ir a la cama. Me seguiste por la escalera. Te ofrecí su pieza, pero entraste a la mía. Me acosté pensando en que no lo haríamos. Además de estar mareada, en algún momento de la vida dejaste de ser el chico de los besos, de la cama. Te acostaste y me acosté a tu lado, me abrazaste y me dejé sin corresponderte, intentaste besarme, me mantuve rígida mientras tu mano subía por mi pierna izquierda y se detenía, como siempre, entre ésta y la derecha. Tu mano se movía con torpeza, como un pez fuera del agua, entre mis piernas. No sentí nada. Sentí asco y me levanté a vomitar. Tengo que bajar a vomitar, te avisé. Subí. Me cansé. Me di vuelta. Me dormí.
Ya no me has escrito hace semanas. Mi casa permanece gris; ahora es una casa gris con parrón. Hay calas en una de las jardineras y la fucsia que planté el verano pasado ha florecido su primera flor. Los azahares del naranjo mantienen el patio con un olor dulce y a veces recojo una naranja o un limón con fines desconocidos. Ahora que comienza a hacer calor, suelo acostarme cerca del medio día entre las calas, los cardenales y la fucsia. Me gusta que no haya nadie en casa. Me gusta que no estés tú en casa. Mi casa tiene esta rutina gris. Mi casa es gris. Mi jardín es gris. Mi casa y yo mantenemos un espacio gris entre nosotras, nuestra simbiosis es perfecta, cohabitamos, nos observamos a distancia, soy cuando ella me mira, y ella es para mi y esa distancia entre nosotras es íntima, no está abierta para ti ni para nadie. No hay nada más solo que la mirada, leía esta tarde.
lunes, 12 de octubre de 2015
Lanzamiento de "Heroína"
https://www.youtube.com/watch?v=gZyEq8B6yL0&feature=youtu.be
Poemario virtual:
https://issuu.com/elilacardenas/docs/hero__na_diagrama_210f30a7d31d99/1?e=0
Poemario virtual:
https://issuu.com/elilacardenas/docs/hero__na_diagrama_210f30a7d31d99/1?e=0
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Primavera
Afuera hay un cuadro estático
inmutable
en su velocidad
nada cambia ventana afuera
ni el árbol lleno de azahares
avisa el cambio de estación
no puede cambiar cuando su naturaleza está muerta
el frío del mármol
el blanco de todo
nada cambia ventana afuera
el nido permanece cubierto de pájaros
bajo el sol y la lluvia
los pájaros no vuelan
apiñados en sus ramas
las hojas caen y no caen
aferradas a ese árbol
suspendidas
vivas y muertas
para este ojo
el problema está en el ojo
lento
todo se mueve a la velocidad
de su incompetencia
está la incertidumbre de la calma
la quietud de ficción
las expectativas de siempre
forzándolo todo
la dictadura del deseo
rapaz sobre cada vivencia
aquí dentro
cada latido rompe olas
contra una piel continente
una corona de espuma
reina sobre todo
aquí dentro
me paseo inquieta entre piel y piel
voy de un lado de mí a otro
voy rasgándolo todo
aquí dentro
hay un territorio a punto de colapsar
un choque de ritmos
de pájaros rompiendo la formación
de bandadas quebradas
contra cielos quebrados
un horizonte roto se posa sobre mis manos
todo lo que pudo romperse
permanece sobre mis manos
como si pudiera arreglarse algo
como si pudiera cambiar
todo partió de mí ya roto.
inmutable
en su velocidad
nada cambia ventana afuera
ni el árbol lleno de azahares
avisa el cambio de estación
no puede cambiar cuando su naturaleza está muerta
el frío del mármol
el blanco de todo
nada cambia ventana afuera
el nido permanece cubierto de pájaros
bajo el sol y la lluvia
los pájaros no vuelan
apiñados en sus ramas
las hojas caen y no caen
aferradas a ese árbol
suspendidas
vivas y muertas
para este ojo
el problema está en el ojo
lento
todo se mueve a la velocidad
de su incompetencia
está la incertidumbre de la calma
la quietud de ficción
las expectativas de siempre
forzándolo todo
la dictadura del deseo
rapaz sobre cada vivencia
aquí dentro
cada latido rompe olas
contra una piel continente
una corona de espuma
reina sobre todo
aquí dentro
me paseo inquieta entre piel y piel
voy de un lado de mí a otro
voy rasgándolo todo
aquí dentro
hay un territorio a punto de colapsar
un choque de ritmos
de pájaros rompiendo la formación
de bandadas quebradas
contra cielos quebrados
un horizonte roto se posa sobre mis manos
todo lo que pudo romperse
permanece sobre mis manos
como si pudiera arreglarse algo
como si pudiera cambiar
todo partió de mí ya roto.
sábado, 15 de agosto de 2015
Maniobra de evasión
Y a veces lográbamos saber, antes del beso,
de las manos,
que ellas eran como puertos destruidos por la guerra,
una pura fachada restaurada...
Alexis Figueroa
Ella
Otro
&
Transitan por Independencia camino al supermercado. No se toman de las manos, lo que no significa nada. Nunca se toman de las manos. Conversan sin mirarse, como si ambos realizaran un monólogo frente a una proyección del otro, como si no estuviesen frente a frente.
E: …siempre es lo mismo. Tienes que abrir un paréntesis
entre nosotros.
O: tú también los haces.
E: ¿y eso a qué responde?
O: a nada, sólo que quiero que lo sepas.
E: a veces quieres que sepa y otras, que ignore, por
ejemplo, que ignore el porqué de los paréntesis, tuyos o míos, de los
paréntesis en general.
O: ¿se puede generalizar en relación a los paréntesis?
Cada uno responde a una necesidad distinta.
E: ¿cuál es tu necesidad al abrirlos?
O: no lo sé o tal vez no quiera decírtelo, no sé si
quiero decírtelo.
E: nunca sabes nada pero te gusta hablar desde un lugar
de saber.
O: tal vez sé todo y también sé que no quiero decirlo y
prefiero decir “no lo sé”, enredarte en incertidumbres para cortar el tema.
Detesto discutir. Sabes, al menos, eso.
E: ¿se supone que lo agradezca? También detesto discutir,
sobre todo contigo, sobre todo estos temas que no son ni temas ¿De verdad
podemos argumentar y contra argumentar en torno a nuestras decisiones, en torno
al porqué decidimos separarnos, al porqué decidimos estar juntos?
O: ya sabes, no lo sé, sólo intento responderte por…algo
que no logro comprender, es como si necesitara sumar palabras a este discurso
tuyo, nuestro, como ayudarte a armar algún tipo de respuesta, a dejarte
tranquila, al menos o tal vez, pensándolo bien, a quedarme tranquilo con
respecto a ti. Es un gesto totalmente egoísta, lo asumo.
E: me gustaba cuando discutíamos y sacabas cuaderno y
lápiz y anotabas todos mis puntos y luego, durante tu turno comenzabas, con
rigurosidad marcial, a intentar responder a cada uno. Nunca sirvió de nada. Al
poco anotar, cuando ya estabas ofuscado y el ritmo de la discusión aceleraba lo
suficiente para no permitirte escribir, aparecía el tú disperso, contra argumentando
sin sentido, olvidando todo punto.
O: hablando de sentido, no le veo sentido a tener que
explicarte, otra vez, luego de tantas veces que lo he intentado, el porqué
quiero dejar lo nuestro. Nada me obliga a hacerlo. Basta con que te lo diga y
ya.
E: ¡es cierto! Todo actuar nace del egoísmo. No existe
nada que no se haga pensando en uno mismo. Es egoísta el comenzar una relación
como el acto de romper. Se supone que todo comienza basado en el amor, pero ese
amor es tan solipsista como el desamor. Quieres estar con alguien no por
acompañarle sino porque necesitas su compañía.
O: …y luego ya no ¿De verdad será necesario contarle eso
al otro? ¿Te gustaría escuchar eso?
E: no lo tengo claro…ahora mismo debería estar sufriendo
en lugar de racionalizar tu partida. Necesito construirle un sentido a todo,
a las emociones, a las decisiones, a las acciones. Ese sentido, en nuestro
caso, vendría a ser una construcción conjunta. A veces quisiera odiarte por
todo esto, odiarte al escucharte decir que no me quieres más, pero no puedo, no
porque no lo merezcas sino porque mi cabeza no para de pensar y esfuma todo el
drama, la tragedia sucumbe ante la razón. No sé si mereces odiarte, pero
quisiera odiarte.
O: no me odias porque tampoco me quisiste, ni yo. No
somos de ese tipo emociones.
&&
Ella piensa esto mientras caminan. Nunca lo dice. No lo cuenta a nadie. No lo escribe.
E: una vez quise a alguien, quise estar con él pese a
todo, pese a mí, sabiendo que no iba a funcionar sobre todo por mí. Es lo más
irracional que he hecho. Lo quise, lo humillé, me quiso, me humilló, rompí mis
cartas para él, boté los regalos que le di. Él lloró toda la tarde. Recogió los
pedazos de todo. Lo consolé. Me disculpé. Me perdonó. Viajamos. Paseamos por
Lisboa. Me tomó en brazos frente a la torre de Belem. La gente se río. Nos
reímos. Paseamos por la noche. Escuchamos fado. Bebimos oporto. Me contó sobre
la muerte de alguien y su reacción. Me acordé de "El extranjero" y mi reacción.
Tomamos más oporto. Caminamos al hostal. Desayunamos panqueques. Subimos al
castillo. Nos besamos mirando Lisboa. Lo grabé explicándome un mapa mientras
un tipo tocaba melodías medievales en una flauta y daba saltos graciosos. Se
dio cuenta que lo grababa y apagó la cámara. Lo besé. Tomamos el tren. Me dormí.
Me cubrió con su chaqueta. Volvimos a Madrid. Lavó mi ropa mientras yo dormía.
Me despertó para almorzar. Se fue a sus clases de inglés. Compré galletas y
cerveza y escribí una nota en la puerta del departamento. Nos peleamos. Boté
las galletas. Me humilló. Lloré. Me humilló. Lloré. Quiso matarme. Me encerré
en su pieza. Lloró. Tomé una ducha y me acosté a dormir mientras él intentaba limpiar
todo el desastre. De madrugada escuché que salía. Dormí. No volvió. Me corté
todo el pelo. Hablamos. Abrimos el paréntesis pese a tanto amor. No lo odio pese a
tanto amor.
&&&
O: ¿Recuerdas esa mañana en Barajas? Hoy mismo pienso que no debí ir a buscarte a Madrid. Debí haber previsto tu encuentro con él.
E: sabías desde el principio del viaje que yo iba por él, pero insistías en verme "como amigos"...
O: aún no perdono que me hayan ignorado en la fila del equipaje. Al menos debiste acercarte a saludarme.
E: pensé que sería peor así. Él quiso ir cuando notó que estabas allí, pero le dije que sólo te sentirías peor.
O: ¿Por qué no te quedaste con él? Nada te obligaba a acompañarme a Finlandia. De hecho, hubiera preferido eso a que fueras conmigo, que lloraras durante todo el vuelo.
E: él no quiso que me quedara, por eso no me quedé, por eso fui a Finlandia y lloré...
O: no fuiste la única que lloró conmigo a causa de otro...no sé por qué tienen que llorar conmigo pensando en otro ¿Tan frío me perciben que llegan a sentirse cómodas en esas situaciones?
E: siempre me pareciste como hecho de mármol, no sólo por la frialdad, sino por esa relación que tiene éste con la muerte. Siempre me pareciste un cementerio en blanco, como ausente...
¿Recuerdas cuando nos citamos para un 25 de diciembre del 2000...2005...?
O: habíamos terminado. Fue uno de los primeros y tantos paréntesis que hemos abierto entre nosotros. Recuerdo que pusiste como excusa para vernos el ir a conmemorar el aniversario de nacimiento y muerte de Lira.
E: esa tarde paseamos por todo el General. Hacía calor, pero entre las lápidas, el musgo, los árboles, sentí frío junto a ti. Parecías tan de allí, tan silencioso como un abismo.
O: nunca encontramos el Ilang Ilang mítico, pero igual recitamos unos versos de Lira en su honor.
E: los versos de Lira siempre están reuniéndonos como una especie de invocación. Ya no pude leerlo sin relacionarlo contigo, con nosotros y nuestros paréntesis y nuestros reencuentros. Ojalá Lira nos separara para siempre.
&&&&
En la tarde, en la cama, luego de haber recorrido el Bío en busca de libros, de haber conversado sobre Le Guin con don Alfonso, de haber hablado sobre Angela Carter con don Alfonso; luego de haber emulado al amor en la tarde, en la cama.
E: (piensa) intento tomar tus dedos cuando estás tendido junto a mi, cuando me mantienes abrazada y queda tu mano a la altura de mis ojos, intento tomar tus dedos, los tomo, los tomo uno a uno y los voy poniendo sobre mi boca, los beso, los lamo, los chupo pensando que eso te agrada, que eso le gusta a cualquiera, que eso no me gusta ni me desagrada, que no puedo sino pensar en que eso le agrada a todos, que eres como todos, que te gusta lo que le gusta a cualquiera, que otras ya te habrán besado los dedos, lamido entre ellos, que otras los habrán chupado a uno a uno, que no hay modo de reinventar ese rito, reinventarnos en él, ser otra al besarte, no puedo ser otra que te bese los dedos, nunca logro desprenderme de mi misma...
O: gracias por el sexo.
E: ¿De verdad tenemos que hablar? Preferiría no hacerlo después de eso.
O: me usaste.
E: ya...no es así.
O: ¿o suena mejor decir que yo te usé?
E: mejor sería no hablar.
O: debo irme; aún debo hacer la maleta.
E: sí, dale.
O: ¿qué harás?
E: quedarme aquí tendida.
O: bueno, tal vez te escriba.
E: ya, no es necesario, lo sabes.
O: debo irme.
E: que llegues bien.
O: chao.
E: cuídate.
Permanece tendida, desnuda, se atraviesa en la cama, se envuelve en su ropa, cierra los ojos adentro de la cama, permanece de lado, siente la puerta, se duerme.
&&&
O: ¿Recuerdas esa mañana en Barajas? Hoy mismo pienso que no debí ir a buscarte a Madrid. Debí haber previsto tu encuentro con él.
E: sabías desde el principio del viaje que yo iba por él, pero insistías en verme "como amigos"...
O: aún no perdono que me hayan ignorado en la fila del equipaje. Al menos debiste acercarte a saludarme.
E: pensé que sería peor así. Él quiso ir cuando notó que estabas allí, pero le dije que sólo te sentirías peor.
O: ¿Por qué no te quedaste con él? Nada te obligaba a acompañarme a Finlandia. De hecho, hubiera preferido eso a que fueras conmigo, que lloraras durante todo el vuelo.
E: él no quiso que me quedara, por eso no me quedé, por eso fui a Finlandia y lloré...
O: no fuiste la única que lloró conmigo a causa de otro...no sé por qué tienen que llorar conmigo pensando en otro ¿Tan frío me perciben que llegan a sentirse cómodas en esas situaciones?
E: siempre me pareciste como hecho de mármol, no sólo por la frialdad, sino por esa relación que tiene éste con la muerte. Siempre me pareciste un cementerio en blanco, como ausente...
¿Recuerdas cuando nos citamos para un 25 de diciembre del 2000...2005...?
O: habíamos terminado. Fue uno de los primeros y tantos paréntesis que hemos abierto entre nosotros. Recuerdo que pusiste como excusa para vernos el ir a conmemorar el aniversario de nacimiento y muerte de Lira.
E: esa tarde paseamos por todo el General. Hacía calor, pero entre las lápidas, el musgo, los árboles, sentí frío junto a ti. Parecías tan de allí, tan silencioso como un abismo.
O: nunca encontramos el Ilang Ilang mítico, pero igual recitamos unos versos de Lira en su honor.
E: los versos de Lira siempre están reuniéndonos como una especie de invocación. Ya no pude leerlo sin relacionarlo contigo, con nosotros y nuestros paréntesis y nuestros reencuentros. Ojalá Lira nos separara para siempre.
&&&&
En la tarde, en la cama, luego de haber recorrido el Bío en busca de libros, de haber conversado sobre Le Guin con don Alfonso, de haber hablado sobre Angela Carter con don Alfonso; luego de haber emulado al amor en la tarde, en la cama.
E: (piensa) intento tomar tus dedos cuando estás tendido junto a mi, cuando me mantienes abrazada y queda tu mano a la altura de mis ojos, intento tomar tus dedos, los tomo, los tomo uno a uno y los voy poniendo sobre mi boca, los beso, los lamo, los chupo pensando que eso te agrada, que eso le gusta a cualquiera, que eso no me gusta ni me desagrada, que no puedo sino pensar en que eso le agrada a todos, que eres como todos, que te gusta lo que le gusta a cualquiera, que otras ya te habrán besado los dedos, lamido entre ellos, que otras los habrán chupado a uno a uno, que no hay modo de reinventar ese rito, reinventarnos en él, ser otra al besarte, no puedo ser otra que te bese los dedos, nunca logro desprenderme de mi misma...
O: gracias por el sexo.
E: ¿De verdad tenemos que hablar? Preferiría no hacerlo después de eso.
O: me usaste.
E: ya...no es así.
O: ¿o suena mejor decir que yo te usé?
E: mejor sería no hablar.
O: debo irme; aún debo hacer la maleta.
E: sí, dale.
O: ¿qué harás?
E: quedarme aquí tendida.
O: bueno, tal vez te escriba.
E: ya, no es necesario, lo sabes.
O: debo irme.
E: que llegues bien.
O: chao.
E: cuídate.
Permanece tendida, desnuda, se atraviesa en la cama, se envuelve en su ropa, cierra los ojos adentro de la cama, permanece de lado, siente la puerta, se duerme.
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