lunes, 13 de abril de 2020
Fracaso
No sé pensar para pensar. Sé escribir para intentar pensar. Y todo es intento en mí desde ese lugar. Y toda mi escritura es síntoma de ello.
Mapa
Un neón trágico
despunta la noche en Puente con Bandera
mi corazón
es un despliegue de pirotecnia barata
a la luz del día.
En el show más vulgar que se pueda imaginar
lanzaré todos mis fuegos de artificio.
Me reparto
por partes iguales
de Norte a Sur.
Entre este par de piernas
bien cabría el Mapocho en sus mejores tiempos.
Este país no es América.
No somos americanos.
América es una constelación
de cincuenta estrellas.
Provengo de un territorio anémico
que apenas se puede los pies.
Mi tata decía que apenas se puede los pies.
Mi tata decía que habría que incendiarlo todo.
despunta la noche en Puente con Bandera
mi corazón
es un despliegue de pirotecnia barata
a la luz del día.
En el show más vulgar que se pueda imaginar
lanzaré todos mis fuegos de artificio.
Me reparto
por partes iguales
de Norte a Sur.
Entre este par de piernas
bien cabría el Mapocho en sus mejores tiempos.
Este país no es América.
No somos americanos.
América es una constelación
de cincuenta estrellas.
Provengo de un territorio anémico
que apenas se puede los pies.
Mi tata decía que apenas se puede los pies.
Mi tata decía que habría que incendiarlo todo.
lunes, 6 de abril de 2020
Infancia
Las verdaderas revelaciones
se nos presentan en la infancia y la noche.
La niña y yo somos cómplices
de una misma existencia.
Luego, vino el exilio.
Cuando era niña miraba fijo el sol.
No temía su destello.
No me espantaba esa oscuridad
luminosa
desafiaba su brillo
mantenía la mirada.
En el destello estaba el secreto
desnudo
a voces
entre los rayos que calaban mis párpados
un grito.
Entonces, jugué a poseer la verdad de las cosas.
Por la noche me quedaba despierta escuchando a la noche.
Ella hablaba a través de los animales
se deslizaba a mi pieza
yo cerraba los ojos
apretados
para que no entrara la noche
y corría a la cama de mis padres
como si allí hubiera una zona libre de ladridos
y tiniebla.
Mis papás se reían de mí
pero no me importaba.
***
He perdido la llave-le digo a la niña
y en la noche
ella levanta su mano
hacia la estrella más brillante
que no es una estrella.
La llave nunca está en la palabra-dice-
provista de la sabiduría de un lawan
y me siento minúscula
como algo que no ha sido llamado.
He perdido mi nombre.
se nos presentan en la infancia y la noche.
La niña y yo somos cómplices
de una misma existencia.
Luego, vino el exilio.
Cuando era niña miraba fijo el sol.
No temía su destello.
No me espantaba esa oscuridad
luminosa
desafiaba su brillo
mantenía la mirada.
En el destello estaba el secreto
desnudo
a voces
entre los rayos que calaban mis párpados
un grito.
Entonces, jugué a poseer la verdad de las cosas.
Por la noche me quedaba despierta escuchando a la noche.
Ella hablaba a través de los animales
se deslizaba a mi pieza
yo cerraba los ojos
apretados
para que no entrara la noche
y corría a la cama de mis padres
como si allí hubiera una zona libre de ladridos
y tiniebla.
Mis papás se reían de mí
pero no me importaba.
***
He perdido la llave-le digo a la niña
y en la noche
ella levanta su mano
hacia la estrella más brillante
que no es una estrella.
La llave nunca está en la palabra-dice-
provista de la sabiduría de un lawan
y me siento minúscula
como algo que no ha sido llamado.
He perdido mi nombre.
viernes, 3 de abril de 2020
Porcelana china
El desamor es un cuchillo.
No hay un corte limpio.
Hay una herida y hay un veneno.
Hay un vacío.
Hay un tiempo sin días.
Es el tiempo del desamor.
La rueda que antes giró rápida
en el tiempo del amor
ahora se detiene
abrupta y cruel
transforma el tiempo en piedra
y todo lo que el tiempo observa
prohibido
se revela ante su ojo
enlosado
en una mala porcelana
como un jarrón chino de utilería
se quiebra
y algo se pierde
irreparable
se cree
pero no se pierde nada
en este juego
hay tantos jarrones por quebrantar.
El desamor es gris y permanece inmóvil.
La quietud detiene la memoria
y escarbas
metiendo mano en un tiempo
estancado
que tarde o temprano huele mal
como la muerte.
El tiempo del desamor se expande como el universo,
tú, sentada al borde de tu pequeño planeta
insignificante
sentada en tu jardín
en una tarde demasiado larga
bajo un sol demasiado frío
una tarde cualquiera en este planeta
te sientas de frente al horizonte
sabiendo que este horizonte no es realmente ningún horizonte
solo es la trayectoria que marca tu mirada
que puede ser cualquiera
y te sientes perdida y absurda e imaginas un mapa
con un precipicio
y ves tus naves surcando ese mar estático
y cayendo al vacío
y ahí abajo no hay dragones
como imaginaste
ahí abajo se expande el universo
con sus corazones de porcelana china
titilando
rotos
simulando un latido
quebrado
brillando como brillan los fantasmas del amor.
Todo amante es un mal asesino.
No hay un corte limpio.
Hay una herida y hay un veneno.
Hay un vacío.
Hay un tiempo sin días.
Es el tiempo del desamor.
La rueda que antes giró rápida
en el tiempo del amor
ahora se detiene
abrupta y cruel
transforma el tiempo en piedra
y todo lo que el tiempo observa
prohibido
se revela ante su ojo
enlosado
en una mala porcelana
como un jarrón chino de utilería
se quiebra
y algo se pierde
irreparable
se cree
pero no se pierde nada
en este juego
hay tantos jarrones por quebrantar.
El desamor es gris y permanece inmóvil.
La quietud detiene la memoria
y escarbas
metiendo mano en un tiempo
estancado
que tarde o temprano huele mal
como la muerte.
El tiempo del desamor se expande como el universo,
tú, sentada al borde de tu pequeño planeta
insignificante
sentada en tu jardín
en una tarde demasiado larga
bajo un sol demasiado frío
una tarde cualquiera en este planeta
te sientas de frente al horizonte
sabiendo que este horizonte no es realmente ningún horizonte
solo es la trayectoria que marca tu mirada
que puede ser cualquiera
y te sientes perdida y absurda e imaginas un mapa
con un precipicio
y ves tus naves surcando ese mar estático
y cayendo al vacío
y ahí abajo no hay dragones
como imaginaste
ahí abajo se expande el universo
con sus corazones de porcelana china
titilando
rotos
simulando un latido
quebrado
brillando como brillan los fantasmas del amor.
Todo amante es un mal asesino.
jueves, 2 de abril de 2020
El corazón es un loco
perdido en el delirio de su fiebre?
El corazón es un loco que salió a la calle y grita desde la vereda de la vida.
Después del grito solo hay noche.
La noche es un largo silencio.
El silencio es una mancha de luz en la memoria.
El grito puede rasgar la memoria en dos.
El corazón de un loco siempre recuerda.
El loco siempre regresa a su voz.
**
Donde había una llama intensa
alzando su fuego
creyéndose el juego
está la mano desnuda.
No hay cartas
hay un vacío
hay algo vacío
más vacío porque conoció el fuego.
***
Mi corazón disecado, lanzado sol arriba, abatido sobre tus arenas.
Mi corazón sobre tu mano de fuego, late y se detiene.
Mi corazón parece una llama pálida junto a tu cuerpo.
Mi corazón en silencio permanece atento a tu voz.
Mi corazón es una estrella apagada en tu universo, pero pulsa.
Mi corazón vio debajo de tu rostro otros rostros y los amó.
Mi corazón duerme ovillado junto a tu noche.
Mi corazón se desliza sobre la geografía de tu mano.
Mi corazón se tiende bajo tu mirada siguiendo tus formas.
Mi corazón se mueve en tu abisalidad, encendido.
Mi corazón está en guerra contra mi corazón, eterna.
Mi corazón no tiene corazón, pero brilla.
Mi corazón ya no tiene poesía, pero escribe.
****
Mi corazón vio tu desierto y caminó por el desierto.
No temió la sed, no temió el hambre, no temió al sol.
En cualquier desierto el sol es lo más doloroso.
El sol es la estrella de la vida.
lunes, 10 de febrero de 2020
La hiena
Donde hubo un fuego, hay una hiena.
Todas tenemos una hiena en nuestra historia.
Todas hemos sido una hiena en otras historias.
En los campos de batalla
después de la guerra
nacen las hienas.
A las hienas no les gusta jugar
al juego de la guerra.
El campo de batalla titila en los ojos de las hienas.
No existe nada más atractivo que una contienda ajena.
Mientras más distante
más deseosa
¡si el deseo pudiera medirse en babas!
De todos los animales que existen
la hiena es la más deseosa.
Codicia solo lo suficiente para esperar su botín.
Su codicia es medida.
Es un animal paciente y temeroso.
No se expone
nunca.
Todo animal vencido
termina en las fauses de una hiena.
¿Para qué luchar? La hiena tiene un sentido práctico total.
Ese asunto de ser una heroína
no la convence del todo.
Deja que las demás se ensucien las manos
mientras ella observa
escondida
sus muertes
casi nunca con sentido
piensa
desde ese lugar seguro
su atalaya.
La hiena se siente inalcanzable.
Después de todo, nadie se disputa los restos.
La batalla embellece los cuerpos
enaltece el espíritu
reparte territorios
pero la hiena es fea y materialista.
Se complace en su frivolidad y pragmatismo.
Si la hiena tuviera un corazón
sería un corazón de plástico
reutilizable.
Si la hiena tuviera un corazón
sería indigna de su linaje de piedra.
Si la hiena tuviera un corazón
se lo arrancaría con sus propias garras
riendo.
sábado, 8 de junio de 2019
"Indigno de ser humano: la autobiografía como juicio moral"
I. Las fotografías: la sonrisa como máscara
El relato, si bien está escrito a modo de ficción autobiográfica, por ende narra desde el Yo, parte utilizando la tercera persona, como si intentara desde esta mirada, no tomar distancia de lo que comenzará a contar, sino, como si esta distancia inicial fuera auténtica, enfatizando esta especie de despersonalización del protagonista, esta tendencia real a sentirse ajeno de sí mismo, y, desde este abismo personal, la historia fuera un ejercicio para irse conectando, ni siquiera con su intimidad, sino, una primera conexión con la primera capa de su ser. A través de la descripción de sus fotografías y, luego, su vida, utiliza la escritura como último intento para conocerse/comprenderse, y, tal vez, comprender en última instancia al otro (el protagonista se siente separado desde una distinción que hace entre él y los demás).
Esta tercera voz comienza la historia describiendo tres imágenes que refieren a tres épocas distintas de la vida Yozo, el protagonista. La primera imagen nos muestra al protagonista en su infancia, acompañado de un grupo de mujeres en un jardín. Es importante observar el espacio en el cual se sitúan los personajes durante la sesión fotográfica, porque existe una relación entre éste y la etapa que vive el protagonista. Por ejemplo, en la primera fotografía, Yozo es niño y lo vemos en un jardín, un lugar idílico, además, acompañado de un grupo de gente (en las siguientes imágenes aparece siempre solo). Dazai nos acerca a esta imagen para mostrarnos algo en particular, la sonrisa del niño, que, en opinión del narrador, a simple vista pareciera un niño agradable, pero un sentido estético más agudo (para un ojo bien entrenado, capaz de distinguir el disfraz, lo falso, la máscara), devela la verdadera naturaleza siniestra de este ser, a tal punto que, este ojo revelador, lo hallaría horrible. El elemento de la sonrisa es crucial en el devenir del protagonista, que, encuentra en este gesto un instrumento de camuflaje social (como se siente distinto a los otros, la sonrisa es una estrategia que le permite homologarse, pasar desapercibido, ser, ante los demás, uno de ellos), una barricada tras la cual esconderse y, desde ahí, intentar (sobre)vivir. Pero sabe que este artificio (la sonrisa) puede ser descubierto (por un ojo agudo) y se sabe amenazado, expuesto desde su diferencia "mientras que en la superficie mostraba siempre un rostro sonriente, por dentro mantenía una lucha desesperada" (pág. 16). La pugna que se libraba en su interior puede observarse en el contraste entre la sonrisa del chico y sus puños apretados "nadie puede sonreír con los puños cerrados con fuerza" (pág. 8). En la segunda fotografía, el niño "agradable" (pero horripilante) se transforma ante los ojos del narrador en un joven apuesto (y no deja de mostrarse sorprendido ante este cambio del protagonista), pero con una sonrisa artificial, y este rasgo ilegítimo, es lo que revela (para el narrador) la condición inhumana de Yozo "...mostraba una sonrisa inteligente. Sin embargo, era distinta a la sonrisa de un ser humano". Sobre el espacio de esta segunda toma, el protagonista está vestido con uniforme, sentado sobre un sillón de mimbre, solo. La última fotografía "la más horrible de todas" (pág.8) mostraba a un Yozo de edad indefinida, ya sin sonrisa (desde la sonrisa "espontánea" del niño, pasamos la sonrisa "profesional" del joven para terminar un rostro cuya sonrisa fue borrada, amputada por la vida), sin ningún tipo de expresión, lo que comunicaba un vacío absoluto. El espacio, en este último fragmento, es una pieza derruida, con una pared agrietada en tres partes, coincidiendo la condición de esta habitación con la vejez o decadencia total (física, moral, parecía estar muriendo) de Yozo y el muro, con lo que se nos muestra en estos tres fragmentos de la vida del protagonista, tres imágenes que nos muestran tres grandes heridas (hitos) en su existencia, la sonrisa como imagen de esa herida abierta.
En el recorrido que hacemos a través de la mirada del narrador sobre la vida de Yozo, recorrido dividido en las tres imágenes, observamos que la descripción no tiene un sentido en sí misma, se describe para juzgar, asistimos a partir de las fotografías a un juicio que hace el protagonista sobre sí mismo, un dictamen que se moviliza desde lo estético hacia lo moral. Cada una de las descripciones, además de contener juicios de valor, termina con una sentencia recurrente en cada momento: "Jamás he visto a un niño con una expresión tan extraña" (pág. 8), "Nunca he visto a un muchacho tan bien parecido con un aspecto tan peculiar" (pág. 8), "Nunca hasta entonces había visto un rostro humano tan extraño"(pág. 9).

(Osamu Dazai, siete años de edad, segundo desde la izquierda)
II. Primer cuaderno de notas.
El primer cuaderno de notas comienza con un cambio en la persona que narra. La visión omnisciente de las primeras páginas, esta visión que mantiene una distancia prudente consigo mismo, cambia a una íntima, a un yo que emerge desde la profunda diferencia que advierte entre él y los otros. Pareciera ser que narrar desde un yo, no solamente conduce al mundo privado de la autobiografía, sino, se erige como un elemento dispuesto a contrastar recurrentemente el abismo que existe entre Yozo y los otros, y, además, muestra lo consciente que es el protagonista de su diferencia que deviene en un extrañamiento continuo de sí mismo en relación al modo de ser del resto: "La verdad es que no tengo la más remota idea de lo que es vivir como un ser humano" (pág. 13). En esta parte del relato se hace un recuento de acontecimientos que dan luces sobre esto, acompañados de reflexiones por parte del narrador. Yozo es consciente de su conducta "extraña", por lo que vive sumido en una angustia y temor de ser descubierto, por ello decide "ocultarse". El saberse "oculto" lo lleva a pensar que el resto de las personas también se ocultan, que viven engañándose unas a otras de modo natural, espontáneo, sin llegar a verse afectadas por esto "Parecen no darse ni cuenta de la superchería...No obstante a nadie parece preocuparle este intercambio de falsedades". El protagonista, ante este escenario, decide no volverse alguien respetable (porque entiende por ello alguien que ha perfeccionado el arte de fingir), sino transformarse en alguien imperceptible (para que el resto le permitiese vivir), incluso en alguien capaz de generar afecto en los otros. Para ello comienza a utilizar las "bufonadas" y ve en ello el único vínculo posible entre él y las demás personas. Se vuelve alguien complaciente, sin capacidad de discutir ni defenderse con tal de agradar (y permanecer invisible), sin poder decidir, llegando a ver este mecanismo como la fuente de sus desgracias futuras, de su vida vergonzosa. Este juego de roles lo atrapa en un personaje que, por un lado, no comprende la dimensión moral a la que aspira el ser humano considerando la farsa en la que vive para "conseguirla" (advierte esta puesta en escena en la que participamos todos, mintiéndonos y mintiéndole al resto, y, sobre todo, vigilándonos (controlándonos) y vigilando las conductas de los otros), y, por otro, decide plegarse al juego, pero consciente de la gran mentira. Aunque él preferiría que le revelaran el funcionamiento de esta "habilidad" (fingir) para liberarlo del temor que siente ante la farsa ajena y liberar su conducta atada a algo incomprensible para él.

El relato, si bien está escrito a modo de ficción autobiográfica, por ende narra desde el Yo, parte utilizando la tercera persona, como si intentara desde esta mirada, no tomar distancia de lo que comenzará a contar, sino, como si esta distancia inicial fuera auténtica, enfatizando esta especie de despersonalización del protagonista, esta tendencia real a sentirse ajeno de sí mismo, y, desde este abismo personal, la historia fuera un ejercicio para irse conectando, ni siquiera con su intimidad, sino, una primera conexión con la primera capa de su ser. A través de la descripción de sus fotografías y, luego, su vida, utiliza la escritura como último intento para conocerse/comprenderse, y, tal vez, comprender en última instancia al otro (el protagonista se siente separado desde una distinción que hace entre él y los demás).
Esta tercera voz comienza la historia describiendo tres imágenes que refieren a tres épocas distintas de la vida Yozo, el protagonista. La primera imagen nos muestra al protagonista en su infancia, acompañado de un grupo de mujeres en un jardín. Es importante observar el espacio en el cual se sitúan los personajes durante la sesión fotográfica, porque existe una relación entre éste y la etapa que vive el protagonista. Por ejemplo, en la primera fotografía, Yozo es niño y lo vemos en un jardín, un lugar idílico, además, acompañado de un grupo de gente (en las siguientes imágenes aparece siempre solo). Dazai nos acerca a esta imagen para mostrarnos algo en particular, la sonrisa del niño, que, en opinión del narrador, a simple vista pareciera un niño agradable, pero un sentido estético más agudo (para un ojo bien entrenado, capaz de distinguir el disfraz, lo falso, la máscara), devela la verdadera naturaleza siniestra de este ser, a tal punto que, este ojo revelador, lo hallaría horrible. El elemento de la sonrisa es crucial en el devenir del protagonista, que, encuentra en este gesto un instrumento de camuflaje social (como se siente distinto a los otros, la sonrisa es una estrategia que le permite homologarse, pasar desapercibido, ser, ante los demás, uno de ellos), una barricada tras la cual esconderse y, desde ahí, intentar (sobre)vivir. Pero sabe que este artificio (la sonrisa) puede ser descubierto (por un ojo agudo) y se sabe amenazado, expuesto desde su diferencia "mientras que en la superficie mostraba siempre un rostro sonriente, por dentro mantenía una lucha desesperada" (pág. 16). La pugna que se libraba en su interior puede observarse en el contraste entre la sonrisa del chico y sus puños apretados "nadie puede sonreír con los puños cerrados con fuerza" (pág. 8). En la segunda fotografía, el niño "agradable" (pero horripilante) se transforma ante los ojos del narrador en un joven apuesto (y no deja de mostrarse sorprendido ante este cambio del protagonista), pero con una sonrisa artificial, y este rasgo ilegítimo, es lo que revela (para el narrador) la condición inhumana de Yozo "...mostraba una sonrisa inteligente. Sin embargo, era distinta a la sonrisa de un ser humano". Sobre el espacio de esta segunda toma, el protagonista está vestido con uniforme, sentado sobre un sillón de mimbre, solo. La última fotografía "la más horrible de todas" (pág.8) mostraba a un Yozo de edad indefinida, ya sin sonrisa (desde la sonrisa "espontánea" del niño, pasamos la sonrisa "profesional" del joven para terminar un rostro cuya sonrisa fue borrada, amputada por la vida), sin ningún tipo de expresión, lo que comunicaba un vacío absoluto. El espacio, en este último fragmento, es una pieza derruida, con una pared agrietada en tres partes, coincidiendo la condición de esta habitación con la vejez o decadencia total (física, moral, parecía estar muriendo) de Yozo y el muro, con lo que se nos muestra en estos tres fragmentos de la vida del protagonista, tres imágenes que nos muestran tres grandes heridas (hitos) en su existencia, la sonrisa como imagen de esa herida abierta.
En el recorrido que hacemos a través de la mirada del narrador sobre la vida de Yozo, recorrido dividido en las tres imágenes, observamos que la descripción no tiene un sentido en sí misma, se describe para juzgar, asistimos a partir de las fotografías a un juicio que hace el protagonista sobre sí mismo, un dictamen que se moviliza desde lo estético hacia lo moral. Cada una de las descripciones, además de contener juicios de valor, termina con una sentencia recurrente en cada momento: "Jamás he visto a un niño con una expresión tan extraña" (pág. 8), "Nunca he visto a un muchacho tan bien parecido con un aspecto tan peculiar" (pág. 8), "Nunca hasta entonces había visto un rostro humano tan extraño"(pág. 9).

(Osamu Dazai, siete años de edad, segundo desde la izquierda)
II. Primer cuaderno de notas.
El primer cuaderno de notas comienza con un cambio en la persona que narra. La visión omnisciente de las primeras páginas, esta visión que mantiene una distancia prudente consigo mismo, cambia a una íntima, a un yo que emerge desde la profunda diferencia que advierte entre él y los otros. Pareciera ser que narrar desde un yo, no solamente conduce al mundo privado de la autobiografía, sino, se erige como un elemento dispuesto a contrastar recurrentemente el abismo que existe entre Yozo y los otros, y, además, muestra lo consciente que es el protagonista de su diferencia que deviene en un extrañamiento continuo de sí mismo en relación al modo de ser del resto: "La verdad es que no tengo la más remota idea de lo que es vivir como un ser humano" (pág. 13). En esta parte del relato se hace un recuento de acontecimientos que dan luces sobre esto, acompañados de reflexiones por parte del narrador. Yozo es consciente de su conducta "extraña", por lo que vive sumido en una angustia y temor de ser descubierto, por ello decide "ocultarse". El saberse "oculto" lo lleva a pensar que el resto de las personas también se ocultan, que viven engañándose unas a otras de modo natural, espontáneo, sin llegar a verse afectadas por esto "Parecen no darse ni cuenta de la superchería...No obstante a nadie parece preocuparle este intercambio de falsedades". El protagonista, ante este escenario, decide no volverse alguien respetable (porque entiende por ello alguien que ha perfeccionado el arte de fingir), sino transformarse en alguien imperceptible (para que el resto le permitiese vivir), incluso en alguien capaz de generar afecto en los otros. Para ello comienza a utilizar las "bufonadas" y ve en ello el único vínculo posible entre él y las demás personas. Se vuelve alguien complaciente, sin capacidad de discutir ni defenderse con tal de agradar (y permanecer invisible), sin poder decidir, llegando a ver este mecanismo como la fuente de sus desgracias futuras, de su vida vergonzosa. Este juego de roles lo atrapa en un personaje que, por un lado, no comprende la dimensión moral a la que aspira el ser humano considerando la farsa en la que vive para "conseguirla" (advierte esta puesta en escena en la que participamos todos, mintiéndonos y mintiéndole al resto, y, sobre todo, vigilándonos (controlándonos) y vigilando las conductas de los otros), y, por otro, decide plegarse al juego, pero consciente de la gran mentira. Aunque él preferiría que le revelaran el funcionamiento de esta "habilidad" (fingir) para liberarlo del temor que siente ante la farsa ajena y liberar su conducta atada a algo incomprensible para él.

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